Ejemplos de Amor
A todos los seres de buena voluntad les instamos a ser ejemplo de amor para todos aquellos que andan en la oscuridad sin la esperanza de poder estar con nuestro amado Salvador. Les rogamos a Uds. que vibren, que entreguen su corazón a la Madre, al Padre y al Hijo.
Cuando cumplimos con aquellas cosas que la palabra de Dios nos manda hacer, el gozo nos llena y vemos crecer a nuestro alrededor la fragancia de los frutos de nuestras esperanzas engarzadas en las plegarias que día a día debemos realizar como perlas finas en ofrenda a nuestro Dios. Esmerémonos pues, en cumplir en ser fieles y devotos, en ser humildes y castos, respetando las leyes y a los seres desvalidos. Seamos blancos y mansos como las palomas y que de nuestra garganta sólo alabanzas salgan para honrar, bendecir y amar a quien nos da todo cuanto somos.
Nuestros ojos se posan en el cielo con la esperanza de que la luz de nuestro amado Dios se derrame sobre todos sus devotos, en señal de complacencia por haber cumplido con sus mandatos, los cuales abrirán otras puertas a muchas personas que vagan en la oscuridad. Pidamos al Cordero que nos dé sabiduría en nuestras palabras, que nos dé la fuerza del espíritu y que su presencia bendita sea sentida por todos quienes lean estas páginas.
En este tiempo de oscuridad alzamos nuestra voz para ayudar a sostener la luz en la tierra y es nuestro deseo que surjan otras muchas voces para alabar el santo nombre de Dios, sabemos que él siempre cumple con quienes respetan su voluntad. Honrémosle y démosle gracias por la blancura de la esperanza que se encuentra en nuestros corazones, haciéndonos sentir más hermanos y más cerca de nuestro amado Señor Jesucristo.
En la divina calidez y misericordia de nuestra Madre Universal, levantamos la sabiduría, levantamos la templanza y todos aquellos dones que nos regalan generosamente las divinidades y maestros que nos acompañan. Sintamos en nuestros corazones la dulce ternura de nuestra Madre espiritual. Dejémonos llevar por ese amor que es como una llama azul verde amarilla violeta o roja, para que nos envuelva en el sublime don de la sabiduría. Apartemos de nosotros la ira, el enojo, el rencor, la ambición desmedida, la lujuria y la pereza, pues estos enemigos nos acosan y asechan cada día para vencernos en alguna forma y ganar una batalla que nosotros no debemos perder. Debemos reforzar nuestra voluntad y nuestro amor para perfeccionarnos en las virtudes y desechar todo aquello que nos malhumora y nos perturba. Recordemos siempre que hay alguien que no nos deja subir a alcanzar el lugar que nos corresponde.
Pongamos pues nuestro empeño en derrotar y aniquilar al enemigo mediante la obediencia a la palabra de Dios expresada en los textos sagrados de las distintas religiones reveladas, para que podamos presentarnos puros y sin mancha ante Él. No nos confundamos con espejismos efímeros; tomemos las manos de nuestro Salvador y sigámosle para que Él nos lleve al lugar bendito donde estaremos en paz, humanidad y amor. Roguemos pues a nuestra hermosa Madre para que ella, con su dulce protección nos ayude a llegar a ese lugar celestial. Entrelacemos nuestra esperanza con su dulzura, y así, suavemente, sin sentir el más leve temor, estaremos cumpliendo la meta tan deseada.
Bañemos nuestro Espíritu en las aguas profundas del arrepentimiento, gocémonos con estos logros, riámonos con verdadera alegría porque ya está la puerta abierta y la invitación está hecha. Cumplamos las promesas, honremos cada minuto de nuestra vida amemos cada gesto amable, alabemos a Dios con todo nuestro corazón. Comed el fruto de la esperanza para que al fin sea hecha la luz.
Padre amado y misericordioso nos inclinamos ante tu presencia y pedimos tu asistencia para que todo aquello que hagamos sea de tu complacencia. Pon en nosotros la humildad, y la hermandad, para que en una sola voz y en un sólo espíritu podamos alabarte y bendecirte con nuestros corazones. Confiamos Señor, plenamente en tu amor y te rogamos nos acompañes en todo momento. Esperando con humildad tu dulce presencia, dejamos estos razonamientos en el nombre de tu amado Hijo que, con su bendita sangre, nos limpió del pecado.
A y A.
Octubre 1995