El Anciano en la Mecedora
Sentado en su vieja silla mecedora, el anciano observa a sus nietos que juguetean, saltando y riendo, gozando su niñez.
Sus pensamientos se remontan a la alegría de aquellos días en que disfrutaba de esa niñez inocente donde nada es preocupante y todo es alegría.
¡Que días aquellos! Recordando escenas de viejos tiempos pasados, mirando a lo lejos en una mirada triste y silenciosa, el anciano añora su niñez. Mira a su hijo que se acerca y esboza una sonrisa, pensando “Has dejado atrás tu niñez y sigues adelante hasta poner tus pasos cansados como este viejo aquí sentado, que se mece sin cesar, sintiendo en el alma un pesar por el tiempo ya pasado”.
Y mientras esboza esta sonrisa mirando al hijo con malicia, éste sin comprender lo que el anciano piensa, exclama indiferente: “Mi padre está chalado”.
A. y A.