Tanto se ha hablado de la felicidad y tantos somos los hombres que tratamos de alcanzarla aun cuando mucho se concuerda en que no es lograble en este mundo que entusiasma ir en pos y atrapar esa quimera, aunque las celadas con que pretendamos entramparla, sean vano ejercicio tal vez de una añoranza.
¿Es la felicidad, como se dice, un estado de la mente, algo así como una autosugestión o es un asunto de valentía con la cual nos oponemos a la depresión y a la desesperación? Pero, aquellos estados ¿en qué se apoyan? Hay quienes afirman que la felicidad no depende de lo que pasa a nuestro alrededor, sino de lo que pasa dentro de nosotros, pero esa posición idealista descendiente de Plotino, se termina cuando nos viene un fuerte dolor de muelas.
¿Se mide la felicidad por el espíritu con el cual nos enfrentamos a los problemas de la vida? Respondiendo a esta pregunta derivamos en que la felicidad es un estado de la mente. No somos felices en tanto no decidamos serlo. Fácil ¿verdad?
Los filósofos griegos de la antigüedad clásica sostenían que para ser feliz el hombre debía tener buena salud, fortuna y educada el alma. Y aunque Aristóteles privilegió a la beatitud, fue Kant el que derrumbó toda definición de felicidad demostrándola como algo inalcanzable en este mundo, donde los placeres son efímeros, y pasajeros los estados de beatitud. ¡Tanto que se ha dicho de la furtiva felicidad!
Hermosos pensamientos que huelen a sofismas tales como: “La felicidad no consiste en hacer siempre lo que queremos; pero sí en querer todo lo que hagamos”, de aquí que la felicidad nace de poner nuestros corazones en nuestro trabajo y de hacerlo con alegría y entusiasmo. ¿Pero cómo se logra esa alegría y entusiasmo?
Para terminar me quedo con esta frase: La felicidad no tiene recetas; cada quien la cocina con el sazón de su propia meditación. ¿Debo entonces buscar la felicidad dentro de mí? ¿Ahí está? ¿Oculta en qué rincón de mi mente? ¿O debo buscarla en quien es feliz eternamente? Algunos consejos. Salmo 32:1; 119:165; Mateo 5:7 y hay más sugerencias Bíblicas para que Usted sea feliz aún en este mundo.
Tal vez hemos buscado la felicidad donde no está, ahora que sabemos donde encontrarla, ¡Vamos!
Ramatis Zand
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