Laboriosidad
Es importante percatarse de que la laboriosidad no es una virtud que se desarrolla cínicamente en el trabajo profesional. De hecho en el trabajo profesional existirá normalmente más disciplina que en otros ámbitos, en el sentido de que quien trabaja estará sometido a una serie de exigencias de horario, de tipo de actividad a realizar y de procedimientos concretos para realizarlo. Sin embargo, podemos referimos también al trabajo realizado en casa, el que no requiere ser realizado en un marco tan determinado. Es decir se puede llevar a cabo con el ánimo del momento. Además se puede entender la palabra “trabajo” como el modo de escribir un conjunto de actividades onerosas, disciplinadas, productivas y dirigidas hacia algún fin. De todas formas existirá, fuera del trabajo profesional, toda una serie de deberes que hay que cumplir y que necesitan de la virtud de la laboriosidad. Tal se puede entender como un conjunto de actividades donde prima la disciplina, la cuales al ser dirigida producirá algo de beneficio a las personas que las hacen y a las que dirigen.
Hemos querido destacar que la laboriosidad es importante como virtud no sólo en el trabajo, sino también en el cumplimiento de otros deberes llevados a cabo en el llamado “tiempo libre”. La realización de los actos puede relacionarse con motivos profundos, y puede quedarse como consecuencia de un comportamiento técnico estéril. Laboriosidad supone hacer las cosas con cuidado, por amor para cuidar bien lo que Dios ha dado, para intentar ser más digno de ser su hijo cada día y para ayudar a los demás a hacer lo mismo.
Hasta aquí se evidente que nos hemos movido en un terreno más o menos teórico. Ahora pretendemos reflexionar sobre la educación de la virtud, teniendo en cuenta algunas dificultades concretas, seguramente muy conocidas por los padres de familia.
Para cumplir diligentemente primero hace falta cumplir.¿Es el amor el que permite cumplir? o una vez que se cumple bien ¿Se puede seguir trabajando por amor sin recibir nada en cambio? ¿Es razonable pedir a los hijos que se esfuercen en sus estudios?
Creo que el problema está, por lo menos en parte en saber qué se entiende por amor. Podemos considerarlo como una tendencia al bien y a su posesión. El amor se notará no solo en el motivo personal del trabajo, en el porqué se realiza (el joven que piensa realizar un trabajo lo mejor posible para que sus padres estén contentos o para ayudar a algún compañero) sino también en cuanto al trabajo mismo; corresponde a normas que en cierto modo reflejan valores permanentes.
Para que el trabajo en sí sea digno requiere sea hecho conforme a unas normas objetivas. Es decir, no se justifica un trabajo mal hecho sencillamente por el esfuerzo que ha supuesto realizarlo. El esfuerzo tiene mérito, pero el trabajo bien hecho depende de que exista una relación adecuada entre el esfuerzo y la calidad del producto. Se desarrollará poco la vida de la laboriosidad acometiendo empresas, no acordes a las posibilidades personales. Un ejemplo de esto consistirá en pedirle a un chico de once años que haga una apreciación crítica de veinte folios de la obra de algún filósofo.
Un trabajo bien hecho servirá para desarrollar la virtud de la laboriosidad cuando se relaciona con una finalidad digna. En síntesis “el trabajo nace del amor, manifiesta el amor, se ordena el amor”. Desde muy temprana edad, los padres deberán enseñar a sus hijos, a ser laboriosos y diligentes al efectuar cualquier cosa que se les asigne, para que en un futuro, ellos tengan esa virtud desarrollada y así como al desempeñar su trabajo también logren elevar esta virtud al plano espiritual.
En cuanto a normas morales, se tratará de que los hijos comprendan bien los criterios que hay detrás de un comportamiento correcto.
Se puede considerar el trabajo humano y también los otros deberes que implican un acto transitivo como una actividad transformadora realizada de modo personal por seres humanos con una cierta dosis de creatividad y originalidad de iniciativa, de creatividad y su resultado y producto material o inmaterial.
Para poder alcanzar y cumplir con las actividades necesarias a fin de ir alcanzando una mayor madurez personal, y ayudar a los demás a hacer lo mismo hace falta una capacidad técnica adecuada. Un alumno, ¿cómo va a estudiar un libro sino sabe leer?
En casa una hija ¿cómo va a preparar la cena para sus hermanos sí no sabe cocinar? La capacitación técnica es una condición necesaria para poder desarrollar la virtud de la laboriosidad. Además cuanto más capaz técnicamente, más fácil será cumplir con las actividades y más satisfacción podrá encontrar la persona, por que en cuanto domine la técnica puede comenzar a introducir su estilo personal. Por eso, una manera de dejar a un niño sin motivos para estudiar es encargándole tareas demasiado difíciles. Pero una segunda manera de desmotivarles es encargarle tareas demasiado fáciles porque no tiene que esforzarse debidamente para realizarlas. En consecuencia no encuentra una satisfacción real.
La pereza es contagiosa y debemos cuidar de no enfermarnos, pues es una actitud que nos entristece. Es caer en un esfuerzo corporal forzado, sin voluntad ni control. La laboriosidad es una actitud espiritual que lleva a asumir con diligencia los propios deberes.
Un hombre o una mujer, en principio parecen laboriosos porque se dedica con una actividad incesante a su trabajo. Pero no es laborioso sino más bien perezoso, pues, el trabajo es su refugio para no tener que atender con diligencia a sus otros deberes.
El hombre necesita actuar y también necesita contemplar y las dos cosas son perfectamente compatibles.
La laboriosidad es una virtud del enamorado, de la persona que sabe que puede servir a Dios y al hombre en cada detalle del cumplimiento de sus deberes.
No es diligente el que se precipita sino el que trabaja con amor primorosamente. Con grandes esfuerzos disciplinados cumpliremos nuestros deberes diarios como un campo abonado para ir alcanzando la propia madurez natural y sobrenatural. Es decir, cumplir con el deber de ser cada día mejor hijo de Dios, sirviendo como instrumento imprescindible para ayudar a los demás a hacer lo mismo.
Por A. y A.