Algo sobre la responsabilidad

La persona responsable asume las consecuencias de sus actos intencionados, resultados de las decisiones que tome o acepta y también de sus actos no intencionados, de tal modo que los demás queden beneficiados lo más posible, o por lo menos no perjudicados, preocupándose a la vez que, otras personas en quienes puede influir, hagan lo mismo.

Los jóvenes hablan mucho de libertad y muy poco de responsa­bilidad. Pero antes de centrarnos en la educación de esta virtud quizás convendría considerar porqué. Ser responsable supone asu­mir las consecuencias de los propios actos y en principio, parece que los jóvenes, a quienes llamamos irresponsables, están dispues­tos a hacerlo, En efecto, suelen asumir las consecuencias de sus actos en el sentido de aguantar las críticas de sus padres, de abandonar la comodidad de una vida confortable, etc.. Sin embargo responsabilidad no sólo significa responder ante uno mismo. Responsabilidad significa responder, dar respuesta a la llamada de otro. Aquello que pide una respuesta puede ser la conciencia, o bien el tú de un semejante, el nosotros de la sociedad, y en último término superior, Dios. Mas, para poder responder es preciso haber aprendido a oír y a escuchar.

Las palabras mismas oír y obedecer se relacionan etimológicamente (en latín: obedire y audire; obedire implica idea de una persona que sigue a otra, que anda próxima a ella para oír (audire) lo que dice y poder .servirla) Esto es lo que molesta al adolescente. Ser responsable significa tener que rendir cuentas no solo tener que aguantar las consecuencias de la propia actuación.

Hoy día la moda lleva a los jóvenes a querer interpretar sus vidas fuera de todo compromiso, a vivir para pasarlo bien, y cuan­do una persona empieza a considerarse a sí mismo como su propio rey, deja de ser responsable. Ser responsable significa obedecer: Obedecer a la propia conciencia, obedecer a los autoridades, obe­decer a Dios, sabiendo que esa obediencia no se refiere a un acto pasivo, de esclavo, sino a un acto de compromiso, de deber.

Los motivos para, ser responsables serán diferentes según la situación en que surja la necesidad de responder. No obstante podemos considerar algún ejemplo para ver estas diferencias.

¿Cuál sería, el o los motivos principales para que un niño de siete años estudie responsablemente en el colegio? :

a) Por que disfruta con la materia,

b) Por que le interesa el trabajo en cuestión,

c) Por que el profesor indica con claridad la materia y las ta­reas que tiene que realizar.

Pero repito, estos son motivos de un trabajo bien hecho, no necesariamente de un trabajo responsable. Para que sea un trabajo responsable el alumno tiene que ser conciente de su obligación o deber de responder ante alguien. El devoto responsable que reconoce que el trabajo es un camino de santificación personal puede esforzarse por amor a Dios, y por deber. Los hijos tienen muchos motivos para ser responsables; pensando en los padres, habría que destacar que su misión principal para conseguir el desarrollo de esa virtud en sus hijos es la de ejercer adecuadamente su autoridad.

El desarrollo de la virtud de la responsabilidad supone no sólo que los hijos aprendan a responsabilizarse de las decisio­nes de otros, sino también que aprendan a tomar decisiones perso­nales. Una cosa es cumplir y otra cosa es cumplir bien.

La intención final de acuerdo con las reglas establecidas no está limitada por las reglas que expresan un mínimo.

No hay que recurrir a excusas para justificar el no cumplimiento de alguna indicación y tendencia de no comprometerse en ningún asunto, o hasta que se vea que va salir bien. La persona necesita de la fortaleza para desarrollar la responsabilidad.

Debemos tomar nuestras decisiones con responsabilidad para te­ner capacidad de dirigir nuestra vida más o menos en forma satisfactoria.

Debemos ser sinceros con nosotros mismos para lograr la feli­cidad que nos lleva a lograr nuestros sueños más caros y nuestra meta suprema mediante el esfuerzo y la responsabilidad,

A nivel humano, tenemos toda la responsabilidad hacia los demás.

Desde luego hay que respetar a los otros, pero el respeto significa despertarles precisamente la responsabilidad y exigírsela dentro de la relación de amistad que exista.

La persona responsable asume las consecuencias de sus propios actos intencionados o no, y también la responsabilidad de lo que es, a saber, un hijo de Dios.

A. y A.

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