Levantemos hermanos nuestro espíritu al cielo, donde Dios mismo está sentado mirando nuestras acciones. Hagamos nuestro ser refulgente en esta última etapa en que seremos juzgados por Dios. En esta crucial espera del fin hagamos que nuestra mente, nuestra alma y espíritu se encuentren realizando una etapa en que el hombre superará toda dificultad para entrar en la esfera que contiene el amor universal donde el ser humano encontrará la plenitud a todas sus preguntas y dudas que tuviesen en el pasado.
A. y A.
