La Biblia y el Robo

Marzo 22, 2008

 

La Biblia expresa claramente cómo ve Dios el robo: “Yo, Jehová, amo el derecho, odio el robo junto con la injusticia” (Isaías 61:8). Jehová inspiró al profeta Ezequiel a escribir que el robo es un pecado muy grave (Ezequiel 18:18). Sin embargo, el mismo libro bíblico dice que Dios perdonará misericordiosamente al que se arrepienta y devuelva lo que hurtó (Ezequiel 33:14-16).

A pesar de que los cristianos viven en un mundo lleno de criminalidad, se regocijan en la esperanza de vivir bajo el Reino de Dios, cuando ya no exista el robo. Respecto a ese tiempo la Biblia promete: “[Los siervos de Dios] realmente se sentarán, cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá nadie que los haga temblar; porque la boca misma de Jehová de los ejércitos lo ha habla­do” (Miqueas 4:4).

Ramatis Zand


El Gran Privilegio

Marzo 17, 2008

Muchos tenemos el gran privilegio de ser cristianos cumpliendo con el propósito de Dios de seguir a su Hijo Jesús; debemos por lo tanto, estando en tan excelso cuidado, dignificar este llamamiento recibido por gracia.

Todos deberíamos ser ejemplos de luz para aquellos ciegos que buscan una mano en la oscuridad de sus vidas. Sabemos que debemos hacer grandes sacrificios para poder vencer al enemigo invisible que nos asecha a cada instante haciéndonos trope­zar en las vicisitudes de la vida cotidiana, haciéndonos dudar y haciéndonos errar. Mas, así como cada día un cristiano cae y se levanta, otro está en pie esforzándose por captar aquellas almas que quieran comer del pan de la sabiduría y nutrir con él su espíritu para ir en ayuda de aquellos que los necesitan. La palabra de Dios no calla.

Te­ned paciencia y perseverancia en el trabajo interno donde la lucha es ardua y cruel y donde constantemente salimos heridos con la agre­sión de nuestros defectos. Todos sabemos que la más dura batalla se da dentro de nosotros mismos y que al salir victoriosos nos hace ganar un lugar privilegiado que, aunque a costa de sacrificios, vale la pena realizar; no decaigamos, amemos con más fuerza al prójimo, abramos el entendimiento a la comprensión de todos los seres, y que nuestra conducta sea el espejo de nuestra alma.

Debemos ser unidos como hermanos y confiar unos en otros para que nuestro Padre vea con complacencia que hemos aprendido sus ense­ñanzas. Descubramos dentro de nosotros la sabiduría infinita y logra­remos la felicidad, la tranquilidad y los beneficios que nuestro amado nos otorga día a día sin pedir nada a cambio. Aprendamos, her­manos a amar la naturaleza, a cuidad a todos los seres anima­les, vegetales y humanos, sin dañar jamás ni con el pensamiento a ninguno de ellos.

Pidamos la bendición a nuestro Padre para que seamos merecedores de estar algún día a su lado.

En la paz reverencial

A y A

12-3-1995