Las Semillas de Dios

Mayo 8, 2008

En las embravecidas aguas de la vida nos golpeamos con fiereza en nuestras rebeldías y nuestros pecados, mas, ¡Qué hermosa oportunidad de salvación nos entrega la palabra llena de amor de nuestro querido Maestro Jesús!. Caminemos pues, por la senda del amor, para poder llegar a la presencia del Padre en quien nos espera la felicidad eterna. En nuestras mentes humanas no logramos ver el amor y la conmiseración de Él hacia nosotros, ni podemos vislumbrar lo que Él nos tiene preparado si llegamos a la Leer el resto de esta entrada »


Sed pues vosotros perfectos ( Mateo 5:48 )

Abril 29, 2008

La vida laboral exige con urgencia de cada uno de nosotros un perfeccionismo cada vez mayor. Sin embargo, no nos hace siquiera la más mínima exigencia espiritual, quedando esta actividad circunscrita a la religión, cada vez más relegada. La vida competitiva nos obliga a emplear gran cantidad de tiempo en superarnos en la actividad de nuestra competencia, acicateados también por el deseo personal de que en esa actividad logremos incentivar la avaricia, la crueldad y la ambición desmedida, etc. Como fuere, hay detalladas normas educativas acerca de cómo podemos avanzar de un estado de ignorancia a otro de conocimiento, de un estado de torpeza a otro de habilidad. Leer el resto de esta entrada »


Despertar de la indiferencia

Abril 29, 2008

Cuando el hombre duerme en el sueño profundo de la indiferencia muchas almas quedan en el abandono; despertad pues, de esa somnolencia absurda que empaña el ascenso del primordial encuentro: alertaos en esta acción de gracias por haber encontrado el camino correcto, el sendero correcto, en Cristo Jesús, donde nuestros pasos serán seguros al avanzar hacia el Padre que nos espera Leer el resto de esta entrada »


Camino a Dios

Marzo 17, 2008

En las embravecidas aguas de la vida nos golpeamos con fiereza en nuestras rebeldías y nuestros pecados, mas, ¡qué hermosa oportunidad de salvación nos entrega la palabra llena de amor de nuestro querido maestro Jesús! Caminemos pues por la senda del amor para poder llegar a la presencia del Padre donde nos espera la felicidad eterna.

En nuestras mentes humanas no logramos ver el amor y la conmiseración de Él hacia nosotros ni podemos vislumbrar lo que Él nos tiene preparado si llegamos a la meta señalada, si ponemos nuestra meta en la oración, no dejando entrar al enemigo. Jesús estará allí invitándonos, haciéndonos sentir su gran amor y misericordia y enseñándonos a librar batallas espirituales en las cuales debemos ser vencedores para purificarnos y preservarnos como dignos hijos de Él.

Como la mariposa debemos salir de nuestro capullo dejando atrás los egos y defectos que nos envolvían y detenían en nuestro avance espiritual. Despleguemos nuestras alas, prodiguemos nuestro colorido espíritu al Padre, alcemos el vuelo de la libertad, busquemos las flores de la espiritualidad y libemos con agrado su dulce néctar. Así estaremos seguros para siempre.

Debemos seguir perfeccionándonos cada vez más, pues son muchos los escalones que nos faltan. Subamos, siempre subamos. No desmayemos ante la adversidad ni los ataques del enemigo. No nos contaminemos, no volvamos al capullo. Los ángeles estarán siempre prontos ayudándonos en las dificultades. Ellos esperan mucho de nosotros. Están ansiosos de que despertemos de nuestra dormidera intelectual para que podamos escucharlos y verlos para compartir las alabanzas al creador y gozarse con nosotros, con nuestro progreso espiritual. Hagamos un templo en nuestro ser, ofrendemos a Dios todo aquello que nazca del corazón, ya sea una sonrisa, una palabra de aliento una mano amiga dada en un momento oportuno. Encendamos nuestro fuego como incienso ardiente y amoroso que llena nuestros corazones. Honrémosle con nuestra oración, agradeciéndole con nuestra pulcra presencia. Invitémosle a compartir nuestra cena espiritual cuando oremos con fervor. Tengámosle siempre presente en todo acto, para que ninguna entidad malévola pueda poseernos.

En los caminos de Jerusalén en donde Jesús predicaba sus palabras como semillas echadas al viento, la multitud escuchaba extasiada la clara y sabia voz del maestro. ¿En cuantas almas cayó la semilla? ¿En cuántos corazones se plasmó la idea de amar a Dios? ¿En cuántos seres hubo confianza en lo predicado? Es aquí donde debemos analizar el fruto sembrado por el Señor. Cuando en los palacios se hartaban de todo, la gente humilde apenas si tenía para el sustento diario. En aquellos tiempos la vida era esforzada y difícil, se debía trabajar duramente para conseguir lo más primario para subsistir. En esas almas rudas, de poco discernimiento, cayó la semilla. Si miramos a la humanidad de hoy día ¿qué comparación podemos hacer con el pasado? El hombre sacia su apetito físico y se hambrea espiritualmente. Es pues, ahí donde el enemigo entra sin problemas llenando los espacios de la indiferencia a lo espiritual provocando vergüenza y escarnio para aquel que practica el amor a Dios.

Muchos justos serán perseguidos por amar a Dios, pero muchos serán ensalzados por adorar a Satanás. Estos, con malas artes, invaden al mundo y hacen sollozar a las madres doloridas al ver la perdición de sus hijos en la droga, el alcoholismo y el homosexualismo. Aquí, con clara conciencia, vemos los estragos hechos por la oscuridad. La conciencia está tapiada, no hay nada de valor para aprender. La corrupción ha llegado a todas partes y ya es hora de la limpieza final. Celebremos pues la venida de nuestro Padre que nos invita a seguirle; démosle la bienvenida en este día donde cada uno de nosotros abre su templo corazón para dejar entrar en él la única luz verdadera que es nuestro Padre Celestial y su Divino Hijo Jesús.

En la paz reverencial.

A y A

6-6-1996