El Dios Bueno y El Dios Malo

Extracto del libro “El Mágico Encuentro”

Hubo una vez, en un lejano universo, un dios bueno y un dios malo. El dios bueno sembraba estrellas en los espacios, planetas y galaxias, y en todas ellas, mares, ríos, montañas, desiertos, árboles y flores, seres y esencias, placeres divinos y sonrisas. Todo germinaba hacia los cielos.

El dios malo se enfurecía con todo aquello y gruñía perversos sonidos de destrucción. Un día, el dios malo lanzó sus sombras contra la luz, tristezas sobre alegrías, sus huestes de dolor contra gozos divinos.
Los mundos entenebrecían.

Y morían árboles y las flores, languidecía el amor y las sonrisas; las luces titilaban. El dios bueno se afanaba por hacer germinar hermosas plantas, iluminar con nuevos arco iris, por hacer cantar el agua entre las peñas, pero también todo esto moría a causa de tanto mal. Los mares se secaban, los animales se combatían, los hombres se mataban, los planetas temblaban.

Y el dios bueno lloraba y el dios malo reía. Morían los planetas, las estrellas se apagaban y las galaxias se despeñaban en vacíos.

El dios bueno sufría y el dios malo reía de las heridas que en el alma aquel sufría acosado por tanto mal que a sus mundos afligía.

Desolado, el dios bueno se alejo para siempre de aquel universo.

Y así, destruyendo lo creado, el dios malo quedó con sus huestes victorioso, mas, su maldad es tanta, que a sus propias huestes destruyó.

Quedó solo, reinando con su sombra, un negro espacio vacío.

“Nada destruyas que no puedas hacer mejor”.

A y A

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