Adulación, Soberbia y Vanidad

Cuando el hombre como ser mortal, está en una posición de superación, no debe dejar entrar en sí la impureza de la vanidad, el orgullo y la falsa personalidad. Debemos estar conscientes, cada uno de nosotros que somos seres perecibles a cualquier eventualidad o argumentación del ambiente, saturado de maldad, por estar rodeados de influencias. Las influencias de lo externo en nuestro interior, a veces nos llevan a sentirnos superiores en las acciones de los momentos, donde exaltados por la adulación, nos dejamos seducir por el aire de la superioridad hacia quienes nos rodean.

Los que están en este camino, deben ser gentes de pensamientos elevados y actuar humildes, pues con humildad se llega delante del Creador.

El defecto de la soberbia, endurece nuestro carácter, haciéndonos impermeables a las bondades ofrecidas por nuestros semejantes, y creando un sentimiento de suficiencia, es como decir; “Tengo más que merecidas las dádivas de amor de las otras personas”, y también, sintiéndose siempre digno merecedor (aunque realmente indigno), de las dádivas divinas. Esta actitud nos alejan de ellas.

El orgullo, la vanidad, el rencor, la insensibilidad, y la intransigencia, son defectos que hacen involucionar a maestros y sabios, pues la adulación y el deslumbramiento ajeno por los conocimientos del ser que los posee, hacen que el erudito, lleno de vanidad, carezca de mérito frente al Padre.

Con estas palabras queremos dirigirnos a todas las personas de buena voluntad para que reflexionen, para que hagan un llamado a su conciencia interna y purifiquen sus acciones, purifiquen también sus sentimientos, sus pedidos y sus requerimientos, para que pongan dentro de sus seres y sus corazones la generosidad, compresión, humildad y sensibilidad ante las dificultades ajenas y propias, de las cuales estamos siendo siempre agredidos por nuestros egos; enemigos acérrimos que no nos dejan en paz ni en armonía con nuestro espíritu celestial.

Abramos esa conciencia real para que podamos fluir como seres trascendentes. Hagamos que la conciencia hable a nuestros corazones para que la sabiduría perfecta se manifieste a través de nuestra palabra y nuestro proceder.

La sabiduría debe acompañarse de comprensión, de bondad, del sentido de compañerismo y de buena voluntad. Comprensión hacia la humanidad es el lema del Amor Fraternal Universal de la nueva era de este siglo.

Paz Reverencial

A. y A.

15 octubre 1997

 

Los comentarios están cerrados.