Acerca de la Fortaleza

En situaciones ambientales contrarias a una mejoría personal, resiste las influencias negativas, soporta las molestias y entrégate con valentía, para influir positivamente en el entorno, para vencer las dificultades y para acometer empresas grandes. La fortaleza es la gran virtud, la virtud de los enamorados, la virtud de los convencidos, la virtud de aquellos que por un ideal, que vale la pena, son capaces de desafiar los mayores riesgos, la virtud del caballero andante que, por amor a su dama, se expone a aventuras sin cuento, la virtud en fin, del que sin desconocer lo que vale su vida, la entregaría gustosamente si fuera preciso, en aras de un “bien más alto”.

Estas palabras nos podrían llevar a pensar que, en estos tiempos modernos, no existen muchas posibilidades para desarrollar la virtud de la fortaleza. De algún modo, el ”bien más alto” está cubierto con un sinfín de pequeñas “necesidades” creadas por el hombre. No quedan posibilidades de encontrar aventuras porque todo está hecho, todo está descubierto, todo está organizado.

Podemos preguntarnos: ¿Dónde existen los cauces adecuados, para recoger el deseo del hombre de hacer algo grande, de esforzarse en función de un ideal? Incluso el cristiano no se encuentra en la situación extrema de tener que dar su vida por la fe, que es el acto supremo de la fortaleza, ni se aproxima a ello, por lo menos en un país donde la fe está aceptada y vivida por muchas personas. Ordinariamente no se presentan ocasiones de hacer grandes cosas por la Iglesia de Jesús. Sin embargo es propio del cristiano hacer grandes, por el Amor, los pequeños servicios de cada día. Y aquí podemos encontrar una solución al problema formulado. No se trata de realizar actos sobrehumanos, de descubrir las zonas del Amazonas nunca pisadas por el hombre o de salvar a cincuenta niños de un incendio; éstas son, en todo caso, posibilidades lejanas, y las más de las veces, frutos de una imaginación calenturosa. Más bien, se trata de hacer de las pequeñas cosas de cada día una suma de esfuerzos, de actos viriles que pueden llegar a ser algo grande, una muestra de amor.

POR ESO ESTA CLARO QUE EL HOMBRE CON UNA VISION MEZQUINA DE LA VIDA NUNCA PUEDE LLEGAR A DESARROLLAR SU FORTALEZA Y AUNQUE LO HEMOS DICHO EN OTRAS OCASIONES, CONVIENE VOLVER A RECORDAR QUE LOS HIJOS NECESITAN SABER QUE SU VIDA SIRVE PARA ALGO. QUE AUNQUE TUVIEREN MUCHAS MISERIAS Y SU VIDA PARECIERE DE POCO VALOR, CADA PERSONA TIENE LA MISION INTRANSFERIBLE DE GLORIFICAR A DIOS.

Concretamente, si educamos a nuestros hijos a esforzarse, a dominarse, pero no les enseñamos lo que es bueno, pueden acabar buscando y haciendo lo malo con una gran eficacia. Por eso, en todo el desarrollo de este capítulo, tendremos que tener en cuenta que existen estos principios que son previos a lo que decimos.

Tradicionalmente se ha dividido la virtud de la fortaleza en dos partes: “resistir” y “acometer”. Vamos a considerar la primera, que se tiene por más difícil, en contra de lo que comúnmente se cree, y esto porque es más penoso y heroico resistir a un enemigo que por el hecho mismo de atacar se considera más fuerte y poderoso que nosotros; en cambio que acometer a un enemigo, a quien por lo mismo que tomamos la iniciativa en su contra, consideramos más débil que nosotros.

En la actividad cotidiana veremos que hay que resistir algunas molestias, y al hacerlo, ya sabremos con claridad que resultarán en nuestro propio bien; y hay otras molestias, que si no las resistimos, van a actuar perjudicialmente para una mejora personal.

Un ejemplo sería el de un niño que, desobedeciendo a sus padres llegado a casa, querría salir a jugar antes de realizar las tareas encomendadas por el colegio. Otra vez nos encontramos con una necesidad de resistir un impulso. El niño sabe que si termina las tareas primero estará cumpliendo con las reglas; en “este momento la relación “causa-efecto” no es suficiente motivación.

La fortaleza consiste en resistir la tentación y puede ser resultado de un esfuerzo, quizás realmente importante por parte del niño, o por la influencia de sus padres. Hay que resistir molestias e influencias pues, si no, irán en perjuicio personal.

Los tres vicios que se oponen a la fortaleza son: “el temor”, la osadía, y la indiferencia”. Al hablar de “acometer” nos referimos a la osadía con mayor extensión, y al temor en lo que se refiere a esta parte de la virtud que entraba su acción. Pero antes de estudiar lo que significa “acometer” podemos considerar brevemente las consecuencias de la indiferencia. La indiferencia está causada por una deficiencia de temor. Se trata de las personas que por no reconocer su deber de mejorar o por no reconocer o enterarse de las influencias perjudiciales, adoptan una actitud pasiva, cómoda o perezosa. Esta claro que las personas en esta condición no hacen más que recibir lo que encuentran sin ningún esfuerzo, y nos interesa porque existe una tendencia de algunos padres en proteger y sustituir a los hijos en los esfuerzos que deberían realizar éstos, de tal modo que los hijos no aprenden más que a recibir.

Para que los hijos no sean indiferentes en la vida habrá que exigirles esfuerzo desde muy pequeños.

Para poder atacar, para emprender alguna acción que supone un esfuerzo prolongado, hace falta fuerza física y moral. Y podemos ver en seguida porqué los deportes siempre han estado relacionados con la virtud de la fortaleza. Dominar la fatiga, el cansancio, la flaqueza prepara a la persona para emprender actuaciones que repercutan directamente en el bien de los demás, en la glorificación de Dios.

Todo lo que hemos dicho está en función de la educación de la fortaleza en lo que respecta a la firmeza en el obrar.

Acometer es alcanzar un bien arduo y difícil. Para poder alcanzar un bien, sea rebatir algún mal o desarrollar algo en lo positivo se necesita tener iniciativa, decidir y luego llevar a cabo lo decidido aunque cueste un esfuerzo importante.

En general, acometer cuando se trata de aprovechar una situación positiva para mejorar, supone iniciativa y luego perseverancia. Tiene que haber en primer lugar, una motivación adecuada. Para ello es menester mucha decisión en emprender el camino de la perfección, cueste lo que cueste, mucho valor para no asustarse ante la presencia del enemigo, mucho coraje para atacarle y vencerle y mucha constancia y aguante para llevar el esfuerzo hasta el fin sin abandonar las armas en medio del combate. Toda esta firmeza y energía tiene que proporcionarla la virtud de la fortaleza.

A. y A.

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