Despertar de la indiferencia

Cuando el hombre duerme en el sueño profundo de la indiferencia muchas almas quedan en el abandono; despertad pues, de esa somnolencia absurda que empaña el ascenso del primordial encuentro: alertaos en esta acción de gracias por haber encontrado el camino correcto, el sendero correcto, en Cristo Jesús, donde nuestros pasos serán seguros al avanzar hacia el Padre que nos espera con amor. Cuando entregamos nuestra presencia y santificamos este día maravilloso estamos recibiendo beneficios que no sospecha la conciencia humana que, con su egoísmo, sólo piensa en cosas limitadas y no alcanza a ver el gran regalo que se nos hace cada vez que nos presentamos a Dios en oración. Aumentad los tesoros de la fe, aumentad los deseos de adorar a Dios y a su Hijo, esto es menester para aquellos sus hijos que quieren acumular tesoros celestiales los cuales, al término de estos tiempos podrán disfrutar de aquellos beneficios acumulados durante tanto tiempo.

Comencemos una limpieza espiritual sin hacer nada oprobioso a nuestros hermanos, sin tomar en cuenta el actuar ajeno sino el de nosotros mismos, pues cuando nos sentimos defraudados y dañados por acciones ajenas a nosotros, estamos sintiendo nuestro propio mal actuar que se presenta en forma de insatisfacción del otro. Comencemos a actuar como seres de luz y amantes de Cristo Jesús, nuestro amado Señor, quien con sencillez absoluta y claridad no cuestionada nos ha dicho que seamos perfectos como fuimos creados en el estado inicial en el principio de los tiempos; que no tropecemos con ideas mundanas de baja calidad, que no tropecemos con el escollo aquel que nuestra mente nos pone cuando estamos cuestionando al otro con nuestro propio defecto de la inseguridad o de la insatisfacción, esa insatisfacción que queremos eliminar haciendo apresurar los tiempos para desligamos de nuestra obligación de trabajo espiritual determinado por Dios para cada uno de nosotros. Comprendamos de una vez que la calidad espiritual se forja con lucha, con sudor y lágrimas, con gran esfuerzo y con gran amor hacia todos los seres que nos rodean en este espacio material. Saquemos nuestras pequeñeces, limpiemos nuestro corazón de la duda y del cuestionamiento y emprendamos el camino de regreso a casa sin carga que nos aplaste, pues nuestras dudas y pecados pesan de tal manera, que si no las dejamos fuera de nosotros serán como toneladas de carga sobre nuestros lomos y no podremos avanzar hacia la presencia de Dios. Botad esos escollos y, libres al fin, presentémonos con alegría delante de nuestro Dios, quien os ama y quien ha sido avasallado por nuestra causa.

Arrepintámonos de las malas acciones y pensamientos, hagamos de nuestra vida un dulce fluir de amor, a pesar de todas las dificultades que aparecen en el camino de la superación. Abramos paso a la felicidad, abramos paso a la conciencia suprema; echad de si los demonios que no nos dejan progresar. Seremos bendecidos en gran manera por la acción y sacrificio que hacemos por esta causa, cumplamos con reverencia nuestras acciones y actos de adoración y veremos pronta en nuestras vidas magnifica recompensa. Seremos seres que humildemente ofrendaremos nuestra vida a un Dios de verdad de luz y amor por sobre todas las cosas, hagamos de nuestras almas vestidos de dignidad para que al presentarnos de esta forma ante el que viene, no pasemos inadvertidos, pues nuestros trajes serán realmente ricos. Caminemos en templanza, no caigamos en el juego cruel de la mentira, pongamos sencillez en nuestra alma y encontraremos la felicidad y el camino llano a la perfección que aspiramos como siervos del Señor.

Paz reverencial.

A. y A.

27 de Octubre 1998

 

 

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