Conciencia despierta

Hemos averiguado que tenemos más o menos, un porcentaje inferior, en la generalidad de las personas, del tres por ciento de conciencia despierta y que el resto de ella se encuentra aprisionada por nuestros defectos, sin poder expresarse. Si se manifestara en todos los hombres o en una amplia mayoría sólo un porcentaje mayor no habría guerras y muchos males morales, y por ende sociales, desaparecerían de la tierra.

Hemos dicho que, cuando eliminamos un defecto, la conciencia se libera de un carcelero y tiene, por lo tanto, mejor oportunidad y más energía para eliminar a los otros que le queden.

A medida que eliminamos defectos, la conciencia, paulatinamente, se irá expresando. El mero control de emociones o pensamientos negativos también es conveniente y necesario practicarlo, pues, con tal ejercicio detendremos nuestros yoes impidiéndoles desarrollarse, pero siempre estarán presentes y si nos descuidamos, nuevamente podrían afectarnos.

Nuestro destino espiritual estará determinado por la cantidad de defectos que eliminamos, y por lo tanto, al grado de descontaminación que alcance nuestra conciencia, esto es, el nivel de su auto expresión. Cualquier manifestación superior al 3% de nuestra conciencia nos hace dignos de merecer una existencia superior.

No es posible despertar conciencia si no eliminamos defectos; a esto también se refiere el simbolismo referente a que hay que morir (el hombre viejo) para nacer (el hombre nuevo). No es posible cultivar yoes y ampliar, abrir, despertar, etc. conciencia. El cultivo de defectos, para disponer de ellos como plazca para conseguir fines temporales, termina por hacer perder más conciencia; es el camino de la involución. Mientras más defectos criamos más conciencia perdemos, con el agravante de que cada vez se nos hará más difícil percatarnos de la necesidad de aumentarla, pues estaremos más insensibles a las cosas espirituales.

Un modo de determinar cual es nuestro estado espiritual es indagar en nosotros mismos sobre qué basamos nuestra existencia. Unos están basados en su posición social, otros sobre la fama o el prestigio, otros en sus negocios, en su dinero, en sus títulos, etc., ¿Qué nos sucedería si nos quitasen todo eso? ¿Qué tendríamos? Muchas personas que pierden sus cosas se suicidan debido a que están identificadas con ellas o con lo que representan. Consideran las cosas como lo más importante de la vida. Es por esto también que algunas personas subestiman a quienes tienen menos que ellos. Piensan que son mejores porque tienen más objetos y dinero; cuando encuentran a alguien que tiene más que ellos no dudan en que aquel es ladrón y el otro sinvergüenza. Es oportuno que leamos la parábola del publicano y del fariseo (Lc. 17:I0-14). En general somos como el fariseo cuando decimos: yo no soy como mi vecino que llega borracho a su casa, yo no soy como el comerciante que engaña con la balanza, yo no soy como, tal o cual abogado que esquilma a sus clientes, etc., yo tengo más virtudes. Creen que su yo es divino y que son elegidos y dignos de las divinidades.

Comenzar a admitir nuestro escaso valor, de percatamos de nuestra nadidad es mostrar inteligencia, valor, sentido de la realidad, pero sí creemos que tenemos más que otro, que somos mejores que los demás, que tenemos muchas virtudes y ninguno o pocos defectos, nos estaremos poniendo nosotros mismos las cadenas con que los yoes nos aprisionarán. La riqueza a que nos referimos, falsa riqueza, es la que no nos dejará pasar por el ojo de la aguja, haciendo más fácil que la cruce un camello.

Vayamos comprendiendo que en realidad nada tenemos. Si observamos profundamente nos percataremos que nuestro cuerpo tampoco nos pertenece, creemos que es nuestro porque lo usamos todos los días, pero no tenemos un control sobre él: se enferma, envejece y muere a pesar nuestro. Tampoco podemos decir que las ideas que tenemos son nuestras. Las ideas las utilizamos, nos sirven de apoyo como bastones para caminar en la vida, pero las vamos desechando según necesitemos y vayamos encontrando otras más de acuerdo con nuestras nuevas perspectivas y realidades. Todo cambia. No sólo las cosas sino también la vida interna del hombre.

Siempre debemos buscar lo mejor en todo ámbito. En lo espiritual, cuando superamos una etapa, descubrimos más riquezas si nos acercamos al camino de Cristo, encontraremos al comienzo una, dos, tres ideas: fe, arrepentimiento, bautismo, pero si buscamos más, hallaremos gran riqueza de ideas basadas en estas anteriores. No es necesario cambiar hacia lo opuesto sino de lo mejor a lo óptimo, de la virtud a más virtud; no de la virtud al mal, sino de un grado de perfección a otro.

Debemos introspeccionarnos seriamente para saber qué tenemos, con qué contamos para comenzar nuestra vida hoy mismo. No más dilaciones.

Cuando uno descubre que el vicio le atrae, que tal o cual defecto lo fascina y comprueba que con ellos ha edificado su vida, comprende cuan poco fundamento tiene. Debemos comenzar a edificar sólidos cimientos para una nueva vida. Cada principio virtuoso que vivamos será un pilar nuestro para nuestra futura vida (Mat. 7:24-29). Es urgente saber cuándo, dónde, cómo, por qué nos sentimos superiores a alguien. Podemos sentirnos superiores por riquezas, por inteligencia, por relaciones, por fortaleza física, por simpatía. etc., pero por muy buenos mozos que pudiéramos ser, no nos impedirá todo lo dicho que nos detengan en la entrada del “paraíso” si tenemos defectos.

Quizás nuestro fundamento es la vanidad, el orgullo, la mentira, la inconformidad, el rezongo, la rebeldía, etc. Cuando uno deja de sentirse importante, cuando uno descubre la inutilidad trascendental de la vanidad por títulos terrestres, por los vanos honores, en fin, cuando se comienza a comprender nuestra carencia interna, el vacío interior, nuestra nadidad, entonces comenzamos a vislumbrar un buen destino.

No nos aferremos al mi; mi belleza, mi simpatía, mi dinero, mi inteligencia, mi talento, mis propiedades, mis automóviles etc. Se puede vivir sin todo eso pero no se tendrá vida eterna sino se es digno hijo de Dios.

Hay personas que necesitan poseer cosas para sentirse seguras y estimadas; su hermoso amoblado de living, su Tv. último modelo, el último vestido de la moda. A mayor riqueza, a mayor venalidad, más fácil se hace el creerse inteligentes, exclusivas, origínales, insuperables. Lo peor de todo esto es que al tonto millonario la gente le alaba su “inteligencia”. Sucede esto porque los amantes del yo, se aman entre ellos.

El sentimiento y el conocimiento del ser real sólo es posible eliminando defectos, de lo contrario jamás conoceremos nuestra verdadera realidad interna, de lo contrario, seguiremos sintiendo amor demoníaco por nuestros defectos que terminarán por destruir lo que acarician engañosamente, nuestra alma.

Debemos remover las arenas en que edificamos nuestra casa y comenzar establecer sólidos cimientos para una nueva construcción digna de recibir en su interior al Divino Maestro y a la Divinidad Superior.

Paz reverencial

Ramatis Zand

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