Nuestros carceleros internos

Descubriendo dentro de todo aquello que nos rodea y nos lleva irremediablemente al caos, vemos con horror, que el hombre no es dueño de su persona ni de nada de lo que él creía.

Este pobre ser llamado “hombre”, está escondido muy dentro de él mismo, es decir, más que escondido, prisionero de todos sus defectos, los cuales lo atormentan en las distintas formas existentes en este espacio terrenal.

Cuando el ser que todos tenemos dentro logra hacerse presente en el espacio exterior, hemos logrado un paso de perfección.

Expliquemos pues, la situación en que se encuentra la mayoría de los seres humanos. Nuestros grandes defectos que llevamos con nosotros son los carceleros más implacables los cuales nos llevan a un estado de imperfección por identificación con estos seres invisibles que nos convencen con seductoras escenas mentales, dándonos una perspectiva engañosa. El defecto que aprisiona nuestro ser o esencia se presenta en un estado al cual podemos definir al analizar nuestro actuar. Normalmente cedemos ante su sugestión o ante su sugestiva presencia. Este ser invisible acciona estimulando algún sentido sensorial o sensual, según sea el caso. En determinado momento debemos saber que algunas de las dificultades que tenemos, las causan nuestros defectos.

Tenemos muchos defectos rodeando nuestro ser, generalmente el defecto de la lujuria nos lleva a fornicar, causando un desequilibrio en el hombre y un caos fatal en la mujer. Este ser invisible se presenta en una fiesta, en una calle, en un microbús o en un cine por medio de las películas, etc., es el causante de los mayores crímenes y violaciones de la historia. Si reconocemos este ser dentro de nosotros y lo comprendemos adecuadamente, en otras palabras, si entendemos qué es, cómo y porqué nos daña, podremos liberarnos de estos estados que nos dominan, muchas veces angustiosos por no poder satisfacerlos cuando él lo demanda.

Estos seres ocupan nuestra mente para representar escenas lascivas y eróticas provocando en el individuo la necesidad de lograr lo que se le está proponiendo para lo cual tomará como vehículo nuestro centro motor, luego la iniciativa y estimulando después nuestros órganos sexuales. Así el sentimiento y la sensación que caracteriza a tal o cual defecto, en este caso la lujuria, se identifica con el defecto (lujuria) de la otra persona, creando un lazo de atracción siempre mal llamado amor.

Nuestro cuerpo es lo mismo que una cárcel con delincuentes de toda índole. Hay técnicas para deshacerse de estos seres tan peligrosos que algunos llaman defectos, ego, personalidad etc. Debemos poner atención a nuestra conciencia que siempre está llamando con su suave voz para que nosotros mismos nos libremos de estos seres que deben ser eliminados. Tenemos que recordar que donde nace un defecto se abre una puerta hacia el abismo y que donde muere un defecto nace una virtud. En esta forma fortalecemos a nuestro ser y podemos quedar libres para llegar algún día a formar parte de una vida mejor, llena de alegría y satisfacciones espirituales.

Tenemos que considerar que estos enemigos nuestros son los causantes de nuestras grandes angustias y desdichas. Ellos, en cualquier ocasión, se apoderan de nosotros dejándonos sin alternativa al no reconocer su forma de actuar. Seamos astutos y pongamos atención al llamado de la conciencia. Recordemos que el peor asesino tiene también un momento bueno, es decir, de remordimiento o estado espiritual. Algunas personas dicen que no hay hombre que sea totalmente malo, y eso lo podemos comprobar. Claro está, que al no saber contra quién y cómo debemos luchar, se cometen más errores.

Al definir el sexo como instrumento peligroso en el caso mencionado, vemos que, en general, es la causa de muchas desdichas, pero si sabemos manejarlo adecuadamente lograremos un equilibrio el cual nos permitirá ser personas completas.

En estos tiempos modernos se da todo tipo de guía o técnicas para fornicar y saturar la mente de cosas grotescas y degradantes, así satisfacemos a nuestro ego mayor y podemos descender al abismo perdiendo terreno espiritual por la manera en que utilizamos el sexo habitualmente. ¿Porqué hacemos énfasis en esto?, porque todas las tragedias empiezan con el sexo. Y esto porque en las situaciones en que nos encontramos, si estamos auto-observándonos, nos percataremos que es el sexo el que está estimulado para mover nuestros centros motores los que harán que el ego consiga lo que él desea.

Consideremos este ejemplo: un joven mira lascivamente a una niña, su conciencia le dice que está mal lo que él quiere hacer, pero su ego le incita a seguir a la joven, a asediarla y a conseguir su objetivo, forzando una situación que lo llevará a cometer el delito de violación.

Otro ejemplo es el caso de una mujer engañada por su esposo, al saber ésta tal comportamiento, el ego de la lujuria tomado de la mano con el ego de la ira, se presenta y origina un drama, a veces irreparable, tanto en el caso del hombre como en el de la mujer.

Comencemos pues a observar nuestra forma de ser, a controlar nuestra mente y nuestro actuar y tratemos de dominar, con nuestra alma, esos impulsos negativos que nos cierran la puerta de la libertad.

Paz reverencial

A. y A.

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