La Gratitud

No devolver mal por bien.

Si es contrario a la ley moral cristiana el responder mal por mal ¿Cuánto más lo es devolver mal por bien?

Calza aquí el dicho popular que se refiere a “morder la mano que da de comer”. Pareciera que esta acción es insólita, sin embargo es más frecuente de lo que podríamos suponer, aún más, a veces nosotros mismos mordemos esa mano. Pero como siempre, creemos que así debimos o que debemos obrar, que estamos en la razón, y que está justificado nuestro desagradecimiento. Tal vez pensamos que la otra persona nos dio poco, que nos dio mal o que lo que nos dio no tiene valor. Una de nuestras tareas más urgentes es reconocer el bien que recibimos y estar agradecidos.

No solo debemos agradecer los bienes materiales que se nos da sino también los bienes espirituales, aunque, sin embargo, se sabe que se agradece más los primeros que los últimos. Si debemos agradecer los bienes materiales que recibimos los cuales tienen cierta durabilidad. ¿Cuánto más los espirituales que como sabemos son para toda la eternidad? Debemos considerar que, en toda entrega, que en todo dar, hay cierta cantidad de sacrificio, de esfuerzo, dedicación, etc. hacia el que recibe. Esa atención debe ser agradecida cuanto más apreciamos en si mismo el generoso acto de dar. También recordemos que hay alegría en el dar y que esa feliz emoción quiere ser compartida por la alegría de recibir el bien entregado.

¿Porqué nos negamos a reconocer el bien que recibimos? La respuesta inmediata es “el defecto”. ¿Cuál de tantos? Entre otros podría ser la vanidad, o el orgullo o la desconfianza por la cual pensamos que detrás del obsequio se esconde algún misterioso interés…lo cual puede indicarnos que nosotros mismos actuamos con malicia. A veces no entendemos que haya quien nos quiera hacer el bien desinteresadamente. Nos extrañamos de que alguien nos quiera ayudar gratis. Nuestro propio criterio egoico nos impide reconocer el bien que se nos da.

Y hay casos en que alguna persona puede irritarse contra quien le hace el bien.

Estamos demasiado atareados pensando en nosotros mismos, creyendo avanzar espiritualmente “a puertas cerradas”, sin percatarnos que es con la obra por los demás lo que nos acerca al amor de Dios.

Agradecer significa mostrar gratitud, lo cual indica la memoria de un bien recibido.

A fines del siglo 16 se conocía sólo la palabra reconocimiento, en esa época se introdujo la palabra gratitud para demostrar un reconocimiento acompañado de un tierno sentimiento para la persona bondadosa. No le es suficiente al alma sensible atestiguar a su favorecedor su reconocimiento, quiere también atestiguar su gratitud.

Hay ligeros servicios que no exigen más que reconocimiento, más, hay servicios que por su importancia o valor, exigen nuestra gratitud. Se usa de la palabra reconocimiento como una expresión general, cuando no se quiere hacer distinción de beneficios; se usa del término gratitud cuando se quiere caracterizar el sentimiento delicado de un corazón reconocido.

La gratitud conserva vivo el recuerdo de una buena acción recibida, acompañada de un sentimiento vivo de cariño hacia quien nos la hizo.

La ingratitud separa al hombre del hombre, es propia de Satanás; la gratitud, que es hija del amor, une a los hombres y eleva un peldaño más en las virtudes que nos conducen a Dios.

Si somos ingratos con el prójimo es porque nos falta amor, y si nos falta amor por tal desobedecemos el mandato de Dios, por lo tanto, el que es ingrato con el hombre también lo es con Dios.

Paz reverencial.

Ramatis Zand

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