La alegría de compartir

En la alegría de compartir el amor, el compañerismo y la sabiduría que viene de lo alto, encontramos la felicidad del espíritu, sintiendo en nuestros corazones el verdadero amor por la humanidad y por nuestros semejantes. Hago esta separación porque nuestros semejantes somos los que estamos en la senda del amor de Dios, dentro de la misma fe, en cambio la humanidad en general, representa el gran número que está perdido en el caos de la existencia: roguemos todos los días por ella.

Debemos alabar al Señor con nuestro corazón, nuestra mente y nuestro espíritu, recordando que Él está en aquel primer grupo de personas y que Él mismo manda a sus ángeles a asistirnos en nuestra vida y en nuestros estudios. Insto, en este momento a sentir la comunión de espíritu con nuestro hermano mayor, Jesús, pues Él nos guiará en todo cuanto hagamos. Él espera de nosotros el entendimiento, la buena voluntad y el verdadero sentido de la hermandad. Jesús nos dice amaos, amaos, amaos, pues en el amor se encuentra nuestra sabiduría y la complacencia de nuestro amado Dios que nos espera.

Sintamos muy dentro de nosotros la presencia del Padre Celestial que se complace en las acciones virtuosas. Él traerá para todos nosotros muchas bendiciones y mucha paz para nuestra alma, si seguimos sus mandatos. Debemos tener conciencia del gran amor que nos da cada día al aceptar el sa­crificio de su Hijo para nuestra salvación. Seamos dignos hoy, renunciando a nues­tro estado negativo para dar paso a la luz, a la sabiduría, al discernimiento y especialmente a la comunión entre nuestra alma con Dios.

Nuestro Padre nos tiene reservadas grandes cosas para el fin de los tiempos. El nos dará las señales que nos harán más fuertes en este camino de penas y ataques del enemigo, mas, con respecto a esto, la Palabra de Dios nos da paz pues “ Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de ésta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo esta cerca”( Apoc. 1:3)

Quiero recordarles que nuestros espíritus están protegidos por nuestros ángeles que nos acompañan y que velan por todos nosotros, Ellos son los encargados de llevarnos a la presencia del Padre para que nos dé su aprobación en el camino del ascenso espiritual.

Debemos saber que hay muchos luga­res que están esperando a los espíritus obedientes que han cumplido con lo que el Señor ordenó. Debemos empeñarnos en progresar para que un día no lejano, podamos estar todos juntos disfrutando unos de otros en sana hermandad espiritual, gozándonos de la presencia del Salvador. Hay mundos resplandecientes preparados especialmente para las personas justas, lugares donde no hay guerra, ni dolor ni enfermedad, ni pestilencia, ni embustes. Nuestra palabra y nuestro hablar no representan la grandeza de Dios en lo que será el sentir su presencia amorosa que nos dejará mudos de emoción, amor y arrobamiento espiritual. Oremos, pidamos al Padre la protección, la abundancia, el com­pañerismo que tanto necesitamos en el diario vivir.

Debemos ser fuertes en el amor y en la fe, para que nuestro enemigo no nos debi­lite. Recuerden que es astuto, sutil y perseverante, que elige cualquier debilidad nuestra para entorpecer nuestro progreso; estemos atentos para que no nos sorprenda. Oremos constantemente y no desesperemos ante la adversidad, más bien fortifiquemos con ella nuestro carácter.

A, y A.

29.06.1995

 

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