Misericordioso amor

Les instamos a ser ejemplos de amor para todos aquellos que andan en la oscuridad sin la esperanza de poder estar con nuestro Amado Salvador. Les rogamos a Uds. que vi­bren, que entreguen su corazón a la Madre, al Padre y al Hijo, en el acto maravilloso de salvación eterna. Cuando cumplimos con aquellas cosas que nos mandan hacer, el gozo nos llena y vemos crecer a nuestro alrededor la fragancia de los frutos de nuestras esperanzas engarzadas en las plegarias que día a día debemos realizar como perlas finas en ofrenda a nuestro Dios. Esmerémonos pues, en cumplir, en ser fieles y devotos, en ser humildes y cas­tos, respetando las leyes y a los seres desvalidos. Seamos blancos y mansos como las palomas y que de nuestra garganta sólo alabanzas salgan para honrar, bendecir y amar a quien nos da todo cuanto somos.

Nuestros ojos se posan en el cielo con la esperanza de que la luz de nuestro amado Dios caiga sobre todos los devotos en señal de complacencia por estar cumpliendo su Palabra, lo cual abrirá puertas a muchas personas que vagan en la oscuridad. Pi­damos al Cordero que nos dé sabiduría en nuestras palabras, que nos dé la fuerza del espíritu y que su presencia bendita sea sentida por todos las personas de buena voluntad. Sabemos que Jesús siempre cumple con quienes respetan su voluntad. Honrémosle y démosle gracias por este día maravilloso y gracias por la blancura de la esperanza que se encuentra en nuestros corazones, haciéndonos sentir más hermanos y más cerca de nuestro amado Padre.

Que pequeñas nos parecen las letras aprendidas des­pués de ver lo grande del amor de nuestro Padre. Todo cuanto aprende­mos se agiganta en nuestra alma, llenándonos de comprensión para en­tender mejor lo que nuestro Padre amado quiere de todos nosotros. Lo menos que podemos hacer es recordar en cada momento que hay alguien que nos ama y que se preocupa por cada uno de nosotros en cada momento de nuestra vida. El salmo 91 refleja ampliamente la ayuda que nos da nuestro Padre cuando le oramos. Él dice: al que me llame le responderé, el que en mi nombre pide, será escuchado y nunca será deja­do. Nuestro Padre nos dice que con Él estaremos el día postrero cuando el juicio se haya hecho. Pero ¿estamos seguros de que somos dignos de tanta bondad? Claro que sí. Si le servimos, le adoramos, le hon­ramos y lo vivificamos, la promesa de nuestro Padre no es en vano. Todo cuanto Él nos dice se cumple, solamente tenemos que esperar con confianza la venida de su amado Hijo mientras cumplimos los mandatos que nos guían a la salvación. Como David, debemos cantar alabanzas en los momentos difíciles y así, el enemigo huirá aterrorizado de nuestro lado, al ver que dentro de nosotros ya no hay espacio para él. La confianza que pongamos en el Señor la tendremos en nosotros mismos. El salmo 91 que nos ha dado nuestro amado maestro pa­ra reafirmar nuestra fe en Él. Cuando estemos tristes, cuando estemos inseguros, cantemos al Señor el salmo 91.

Tenemos que estar atentos porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos llamó a sus sier­vos y les entregó sus bienes, como en la parábola de los talentos (Mat 25:14-15).

Después de leer estas palabras les pedimos que tratemos de despertar a los que duermen en el espíritu, conversándoles sobre la palabra de Dios y enseñándoles que su promesa se cumplirá sobre la tierra y que el beneficio será de todos. Será también de beneficio tener la palabra atenta en los labios para los que buscan consuelo y ansían en estos días de incertidumbre, una barra de hierro firme de la que asirse. Así tendremos la oportunidad de participar nosotros mismos en el plan de salvación que el Señor quie­re que todos cumplamos como sus fieles soldados en la batalla de la vida. No nos dejemos caer en tentación, luchemos con fuerza que el premio es muy grande. El mal humor es nuestro enemigo y es la puerta sutil que deja entrar estados negativos o en otras palabras, agregados psicológicos que nos perturban y nos someten a un retraso espiritual. No abramos esta puerta, seamos felices en el amor de Cristo.

Honremos su memoria en este día y todos los días de nuestra vida siendo cada vez mejores personas entre los hermanos de fe y con los del mundo. Recordemos que el que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel, y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles ¿Quién os confiará lo verdadero? (Lc 16; 10-11)

A. y A.

Enero 15 1995

 

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