La perseverancia

Una vez tomada una decisión se debe llevar a término las actividades necesarias para alcanzar lo decidido, aunque surjan dificultades internas o externas, o pese a que disminuya la motivación personal a través del tiempo trascurrido.

La perseverancia no es compatible con la terquedad. Si se toma una decisión equivocada y ésta ha sido objeto del esfuerzo de una persona, no quiere decir que se ten­ga que realizar dicha cosa a toda costa, porque hacer tal llevaría a la persona a la pérdida de tiempo, dinero y deterioro físico o mental, en general, desgaste y fracaso. Respecto a esto surge una serie de imponderables que hacen darse cuenta que no es posible seguir adelante. Tampoco se debe confundir la perseverancia con la rutina. Se debe alcanzar lo decidido buscando soluciones a los problemas que vayan surgiendo en el camino,

La perseverancia es una virtud y como tal, se representa en el estado de conciencia al cumplir los 7 años. Es en el caso de los niños donde los padres tienen la responsabilidad de asumir la obligación de hacer a sus jóvenes hijos una didáctica diaria con la cual ellos puedan desempeñar logros determinados. En los hábitos podemos activar el resorte adecuado para hacer aparecer esta vir­tud. Los padres o personas a cargo, deben saber llevar a término las actividades ya sea de juegos o ejercicios o ayuda en trabajos simples en el hogar, para así poder ir formando esta virtud en los niños. La ayuda de servicio, como por ejemplo ir a comprar, etc., es muy estimulante para el desarrollo de esto.

La perseverancia se refiere a la superación de las dificultades que vienen de la prolongación de los esfuerzos en el tiempo, mientras que la constancia alude a la fortaleza del ánimo, a la firmeza en la conducta. Una está relacionada con las acciones y la conducta y la otra con los sentimientos y opiniones. La parte religiosa nos da la oportunidad de realizar esta virtud asistiendo regularmente a nuestra iglesia, ca­pilla, etc.

El vicio principal que se opone a la virtud de la perseverancia y de la constancia, aparte de la terquedad, es la inconstancia o veleidad. La inconstancia está relacio­nada con la voluntad antojadiza, con la mudabilidad del ánimo en el transcurso del tiempo o por el deseo de otras actividades más divertidas. Esta falta de constancia se nota especialmente en las personas que abandonan sus proyectos ante las primeras dificultades, y en las personas que cambian de actividad habitualmente. Estas personas se jus­tifican diciendo, entre muchas seudo-razones, que lo últi­mo que hacen es más interesante. Aquí se representa el de­fecto o ego de la disconformidad tomado de la mano con el defecto de la impaciencia. La persona se excusa dando argumentos que en ocasiones son creídos, causando un doble daño: a sí misma y a los demás. El individuo se crea una sensación de miedo para continuar y así pierde el camino emprendido.

Nuestros objetivos deben ser razonables, realistas, alcanzables con esfuerzo, pero no servirán si no son más que sueños. La ayuda de la persona de confianza del alumno es importante para que este conquiste sus metas.

La perseverancia es fundamental en el desarrollo de la vida cristiana, pues nos hace fuertes y capaces de enfren­tar dificultades con más tesón. El esfuerzo continuo supo­ne un gran autodominio, y siempre la persona debe reconocer el valor de aceptar positivamente las propias limitaciones. El pesimista verá obstáculos donde quiera que vaya. Acabará triste y solamente seguirá de un modo mecánico. El optimista abrazará estos obstáculos con generosidad, los acometerá y los utilizará como medio para fortalecer su fe y lograr sus fines.

A. y A.

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