En tiempos de caos

En la espera de los acontecimientos elevemos nuestras oraciones por la precipitación de las acciones creadas por el hombre. Debemos estar vigilantes, atentos, para que en estos tiempos de caos todas las cosas sean puestas en orden. Cuidemos nuestra alma y nuestro cuerpo en el momento en que el mundo está invadido por la contaminación y los virus ambientales que mutilan a los seres sensibles a estos. Tened sigilo al consumir los alimentos, comprobad en cada momento que estos estén debidamente limpios y sin gérmenes que os contaminen o enfermen. Confíen en sus maestros, instructores o guías de sus respectivos centros o denominaciones que sólo quieren lo mejor para sus adeptos que siguen a Cristo Señor y su Padre Celestial. Confiemos en la salvación de nuestra alma por medio de la oración, la fe, la perseverancia y el deseo de avanzar espiritualmente en todas las horas de nuestra existencia.

Practiquemos la humildad, la bondad y la misericordia tan necesarias en estos minutos, pongamos la confianza en el infinito amor de nuestro Salvador, tomemos confiados su mano amiga; hagamos un pacto permanentemente de amor y amistad renovando nuestros votos de alianza para poder aumentar la gracia divina en que nos encontramos.

Cuando hablamos de las cosas espirituales no podemos menos que ensoñarnos plácidamente con la armoniosa voz interna de nuestro espíritu, cumpliendo el anhelo espiritual y álmico de regocijarnos del encuentro futuro tan cercano. Oremos con fervor para elevarnos en la armonía celestial del arrobamiento de la fe, donde encontraremos la verdadera felicidad al abrazo cálido de nuestro amoroso maestro Jesús. Pongamos, hermanos, nuestra alma y nuestro amor en las manos palmas de nuestro Salvador y a sus pies, nuestro burdo corazón que aún desconoce la capacidad del perdón. En nuestra voz bosquejemos la armonía dulce de un cántico de alabanza para entregarlo dulcemente a los oídos prestos de los ángeles que nos asisten, pongamos la dulzura, pongamos el ímpetu claro, y en nuestra voz toquemos las vestiduras de nuestro alado y bienaventurado que escucha con complacencia.

En la espera del corto tiempo que fugaz se aleja, debemos exigir a nuestro espíritu, la perfección pedida por la Santidad amorosa que nos exige estar limpios y preparados para abordar el sublime vuelo de la exaltación y el encuentro tan cercano que a medida que pasa el tiempo lo podemos palpar en la sutileza de la inspiración de nuestros sentidos. Esperamos hermanos, hagáis estas cosas ciertas para vuestro progreso y para vuestra preparación pues, ya todo está dispuesto para el desarrollo de este fin de etapas. No dejemos que nuestra tarea quede inconclusa, presentémonos ante Dios con dignidad.

Paz reverencial.

A.y A.

12 Junio 1998


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