Frutos de la obediencia

Cada vez que la obediencia se presenta, vemos que la palabra de Dios ha caído en buena tierra y que sus frutos producen buenas semillas, que al sembrarlas, mejorarán en calidad y estabilizarán la armonía de aquellas almas que luchan por alcanzar mundos y cielos más elevados. Comprendemos que hay cosas que nos hacen dudar y cuestionar los conocimientos que tenemos hasta ahora, pero es menester alcanzar aquellas metas para poder determinar el grado de dignidad de cada uno de los que siguen a Dios y están dispuestos a hacer que Él mismo vuelva sus ojos a aquellos que con honestidad, paciencia y devoción encuentren la dicha en la sagrada espera del encuentro pronto y cercano que estamos ya tan próximos a recibir como premio a la obediencia que nos ha pedido. Culminando el tiempo preciso en las condiciones actuales del mundo, debemos cuidarnos de nuestros vestidos, nuestros pensamientos, nuestras sensaciones y sentimientos pues el ánimo debe estar atento para otorgar caridad, amor, comprensión y dar la mano amiga del perdón y de la sabiduría a los seres que, habiéndose extraviado, encuentran los caminos correctos de salvación, de un padre amoroso que les otorga esta oportunidad.

En los escritos celestiales inmersos en el azul de la lejanía ausente de la mente abstracta del individuo, están aquellas enseñanzas de las cuales aún no estamos siendo capaces de alcanzar por las condiciones que hay en el mundo actualmente. Muchas veces hemos escuchado tantas palabras que a lo mejor la enseñanza evangélica parece siempre tan parecida y tan presente pero al recordar esas palabras en el silencio de nuestras mentes encontraremos sabiduría en ellas, y al practicarlas, estaremos contentos de aquellas cosas que como tesoros escondidos hallamos dentro de nuestras mentes y de nuestros corazones. Debemos sacar la mezquindad, la ignorancia, la intolerancia de nuestra vida y de nuestro corazón, debemos poner comprensión, amor y constancia y sabiduría para que nuestra vida tenga sentido y no sea un caos en este último tiempo.

Predicad con el ejemplo, con la acción y la palabra a aquellas almas que os rodean, y con vuestra amorosa vibración sed capaces de cambiar a estas almas o personas para que encuentren un rayo de luz en su oscura existencia. Invitad en silencio a todas aquellas almas que perdidas vagan en el intolerable mundo humano, donde sólo la discordia y el rencor se encuentra a cada paso. Vibrad con fuerte resplandor. Traed un poco de paz para esta humanidad. Dignificad cada momento de vuestra vida, poned oración en vuestra boca alabando y glorificando al Salvador todopoderoso. Con gran humildad y perseverancia deseamos ser dignos de alcanzar el privilegio de estar de frente a Aquél que abre las puertas de nuestra salvación.

Con humildad reiteramos que seamos humildes, tiernos, amorosos y perseverantes.

Paz reverencial.

20 de diciembre de 1998

A. y A.

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