La más poderosa arma: el amor

Esperando las señales, que precipitadas llegan a la tierra, encontramos que el hombre ya no es aquel ser creado anteriormente con tanta misericordia y tanto amor y afán. Dios mismo, en lo alto, siente gran dolor por la gran pérdida masiva de estos seres que primordialmente habían sido creados para su exaltación, como seres sublimes que semejantes al Espíritu Creador, deberían ser reyes y señores en esta tierra que con generosidad se creó para que el hombre estuviese en plenitud, viviendo con los ángeles y aquellos seres divinos en los cuales el hombre confiaría plenamente para su magnífica evolución.

 

Por todas estas cosas que ha perdido la humanidad, pedimos a las personas de buena voluntad en Cristo, que pongamos más afán en buscar las cosas del espíritu, en las cuales nuestro Dios tiene complacencia, cuando el hombre recapacita para encontrar ese camino que tantas veces se nos ha señalado. Comprended que en este final tan próximo el tiempo es apremiante, así pues, debemos compartir con el Espíritu Santo, el deseo ardiente de reencontrarnos y no sucumbir ante las fuerzas malévolas esparcidas a los cuatro vientos, por la influencia perversa del espíritu inmundo. No debemos dejar que el rencor, la hipocresía y la ira envuelvan nuestros corazones; seamos sinceros como los niños pequeños. Hablemos verdad, pues nuestro Padre que esta aquí y en los cielos, no se complace con esas alimañas que devoran tan frecuentemente a los incautos. Pensemos en el prójimo como en nosotros mismos, amemos sin reservas y aprendamos que el perdón, la misericordia y la bondad son hermosas virtudes que debe alcanzar el espíritu para tener la divinidad de presentarse delante de nuestro Padre. Las virtudes deben ser acrecentadas por la misericordia, y por el tesón en los trabajos del espíritu.

 

El amor es aquella fuerza que mueve todos los obstáculos que se nos ponen en el camino y que debemos derribar con esta fuerza incontenible que se derrama de lo más profundo de esos espíritus divinos, los ángeles, que ansiosos esperan, que abramos esta puerta y que fluya todo este maravilloso contenido que nosotros aún no habemos descubierto en nosotros mismos. No hemos descubierto, cabalmente, que podemos hacer el arma más poderosa del universo si amamos. Es difícil encontrar ese amor sublime en los espíritus de la humanidad, pues, los defectos siempre están impidiendo que esta llama, que debe abrasar a todos los seres de este hermoso planeta, resurgiera con más ímpetu cada vez, para limpiar la nefasta presencia del negro abismo abrasador que envuelve a esta doliente humanidad.

 

Siempre debemos hacer un constante y creciente esfuerzo, para hermanarnos y fuerza para seguir en el camino del Señor, donde se premiará abundantemente a todos los que lleguen con su frente en alto y con la luz del espíritu en sus ojos.

 

Esperando como siempre que la nuestra y vuestra voluntad y nuestro y vuestro amor estén siempre presentes para seguir en el camino de la salvación, a pesar de que no es fácil; mas, sabemos todos que tenemos ayuda y siempre contaremos con Dios Padre con Dios Hijo y con el Espíritu Santo si ponemos esfuerzo y tesón.

 

Paz reverencial.

27 de agosto de 2000.

A.y A.

3 respuestas a La más poderosa arma: el amor

  1. MUY BUENA ESCRITURA
    DIOS ES GRANDE MI PADRE CELESTIAL AYUDAME Y PROTEJEME SALVAME DE TODO MAL Y AYUDAME

  2. LAS PODEROSAAS ARMA DEL AMOR ESTA RE BUENA ME ENCANTA ALELULLA

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