Toda ciencia, todo arte

Mientras los habitantes de la tierra dedican todas sus habilidades a cosas vanas y mundanas con el objeto de conseguir cosas materiales para sentirse más importantes y más poderosos, los hijos de Dios trabajan en el gran plan celestial, donde imperan los principios fundamentales para poner en práctica los mandamientos que nos han dado con el fin de superarnos como seres elegidos por nuestro Padre Jesús quien nos dice: seguid el camino de la rectitud, la contemplación y adoración para nuestro Dios, rindiéndole tributo, siendo diligentes, bondadosos, trabajadores y perseverantes. Hurguen en las escrituras la sabiduría que se encuentra en ella, de ahí sale todo arte, toda ciencia.

Aprendamos a ver el mensaje en el evangelio, el cual trae a nosotros el camino recto de salvación, donde como premio tendremos la eterna felicidad donde encontrarán consuelo aquellas personas que han perdido a sus seres queridos, o sabiduría aquellos que no poseen gran talento. Dentro de este libro que es el evangelio, encontraremos todo cuanto necesitemos para progresar en este camino de búsqueda.

 

Quien sigue el Sr. Jesús con diligencia y amor comprenderá los designios y el plan de cosas creadas para beneficio del hombre, y además, tendremos gran ventaja de estar bajo su protección, pues podemos aprender a ser como es Él, y a valorar todas aquellas cosas que Él nos da con el fin de proporcionarnos un mejor pasar por la vida.

 

Debemos estar familiarizados con las cosas de Dios para acumular los conocimientos que sean de utilidad para nuestro examen final, cuando nos pregunten cuánto nos hemos esforzado por aprender de las enseñanzas dejadas por los apóstoles.

 

Las dificultades no se dejan esperar, ellas aparecen cada vez que estamos haciendo lo correcto, pues, ustedes saben que el enemigo no descansa cuando los hijos de Dios se empeñan en obedecer los mandamientos del Señor, aquel ser perverso nos pone grandes dificultades y desconsuelos, nos deja dudando en ocasiones, cuando nos abruma con sus ataques. Cultivemos mutuamente nuestra fe, y evitemos toda contención. Este principio nos inspira para hacer todo lo que podamos en favor de unos a otros con respecto a la obra de Dios en la tierra. Confiemos en que cualquier cosa que el Señor desea que hagamos nos prepara y anima a realizarlo sin demora.

 

Vivamos desde ahora en adelante de manera que podamos despertar la confianza en todos aquellos con quienes nos relacionamos y encontramos, y atesoremos cada partícula de confianza que logremos obtener como una de las más valiosas propiedades que un ser mortal podría poseer cuando por sus buenas obras ha podido ganar la confianza de un amigo o un vecino, y roguemos para que nunca lleguemos a hacer nada que la destruya.

 

Paz reverencial

9 de Julio de 1998

A. y A.

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