Almas puras y sencillas

Al acaecer el tiempo en que la espera es tediosa e insoportable para el justo, Satanás, nuestro enemigo, hace estragos, pervirtiendo a la humanidad. Él, en su codiciosa búsqueda, logra que el Hombre caiga denigrado en lo más profundo de los abismos infernales, donde ya no hay nada que hacer ni a que conciencia recurrir para poder salvar a esas almas que, perdidas, hacen un gran carnaval de lujuria y escarnio en todo su nefasto esplendor. Por eso, debemos mantener los principios que fundamentara nuestro amoroso Dios para guiarnos en un camino de justicia donde nada debe ser incorrecto, donde la verdad debe florecer como primorosa flor en la mañana, donde las virtudes deben coronar nuestras almas y nuestros pensamientos para poder estar en aquella dignidad que Dios pide a todos aquellos que con corazón limpio, con alma pura y sencilla, llegan hasta sus pies a regocijarlo y haciendo que el perdón y el amor estén con ellos al cumplir sus divinos mandatos.

Presentémonos pues, con el corazón henchido de amor, con la disposición y la fuerza de seguir adelante sin dejarse arrastrar por esta maldad que Satanás tiene en todos los rincones de esta tierra, donde ya todo se ha maleado. Es menester que volvamos a ser pequeños, inocentes, amorosos, confiados en el Ser Supremo, el cual jamás nos engañará y jamás nos defraudará.

No corramos tras la apariencia del deleite que nos ofrece este inmundo ser, mas bien, precipitemos para alcanzad la salvación con todo nuestro amor, con toda nuestra fuerza para que seamos dignos de estar en esa presencia bendita que es la meta más grande que el ser puede aspirar. Mirad siempre, mirad a lo alto, ved esta creación maravillosa de Dios en cada cosa, en cada amanecer, en cada anochecer. No seamos desagradecidos, oremos con fervor y que nuestra fe sea ese lazo fuerte que une al Padre con nuestro espíritu para que Él jamás se aparte de nosotros y nosotros jamás nos apartemos del Padre.

Recordad ese amor cariñoso que se os tiene, que se os brinda con tanta generosidad. Hagamos dignos en cada momento para que nos abracemos fuertes y que nuestro goce sea pleno en nuestros corazones al haber alcanzado ese final feliz que tanto hemos soñado. Hermanos, amaos lo unos a los otros, no abandonemos a nuestro hermano caído, no hagamos vista gorda de aquel que está en pobreza y en tristeza, ayudemos, pues somos y seremos bendecidos grandemente cuando obramos en justicia y en amor y cumplimos los mandatos del Padre que dan tantas satisfacciones al espíritu y a los seres que observan el actuar de sus amados hijos. Dejemos atrás toda murmuración, todo mal pensamiento, toda mala acción contra el otro y amémonos como hermanos y como seres bendecidos para que seamos dignos y podamos dirigirnos en esta expedición hacia el lugar señalado.

Paz reverencial.


A. y A.

07 Enero 2007

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