Aspectos de tres actitudes básicas para la superación personal.

El ser humano puede tener tres actitudes básicas con respecto a la Práctica de sí mismo:

1.-Trabajar en sí mismo alejado de los demás.

2.-Trabajar junto a otros pero cada cual para sí mismo.

3.-Trabajar con otros en relación de sí mismo con los demás.

1.- Trabajar en sí mismo alejado de los demás.

Es la acción del ermitaño. (Nota al final). No es aconsejable recomendar que se trabaje en sí mismo alejado de los demás, pues, aunque se obtenga mucho conocimiento, se corre el peligro de sólo aumentar el propio egoísmo, el orgullo, y entre estos y otros vicios, la infatuación. Nuestra medida se da en la Práctica junto con otros, nuestra ubicación nos la dan nuestros pares. Es conocida la frase “gimnasio psicológico” para referirse al continuo enfrentamiento ante circunstancias y personas diversas y adversas que ofrece el contacto directo con el “mundo” ante lo cual el aspirante tiene muchas oportunidades para superarlas; no así la soledad en la cual se da la uniformidad. El camino solitario es el método del hombre; clausurarse en un convento para mantenerse fuera de lo que considera peligroso, el mundo; mas, al hospedar a Cristo en nuestro corazón, Él dejará al mundo fuera de nosotros. Se nos aconseja estar en el mundo pero no ser parte de él.

Quienes se retiran de su trabajo en solitario y se unen a otros para progresar, obviamente deben considerar que deben relacionarse con personas que le serán diferentes. Aquí es el punto donde debemos recordar que somos entes mecánicos, pues a cada instante sepultamos nuestra conciencia bajo las influencias de nuestros defectos a tal extremo, en algunos casos, que muchas personas viven para ellos; el lujurioso, el avaro, el ambicioso etc.

Ente mecánico es aquel que a semejanza de una máquina, actúa de una única manera ante las mismas circunstancias: hombre dormido, aquel que no es conciente de realidades en que vive. Por esto es frecuente escuchar llamados a despertar, por ejemplo, conciencia ecológica, conciencia ciudadana, etc. Pero el máximo llamado a despertar lo hace el bienamado Jesús desde la cruz; nadie puede decir que no fue llamado. Mientras tanto, creemos que nosotros mismos y las personas en general, actuamos y actúan deliberadamente, conscientemente, y esto, porque no percibimos que las motivaciones y respuestas que damos y que dan, son siempre las mismas, o frecuentemente las mismas, pues somos entes mecánicos. Una persona, por ejemplo, que engaña bajo ciertas circunstancias, no lo hace deliberada sino mecánicamente, a tal extremo de inconciencia que no se percata de ello, actúa siempre en circunstancias semejantes de esa misma manera; engañando. Su reflexión, su deliberación es mecánica y se basa más bien en la memoria que en un acto creativo. La fuerza de la recurrencia del defecto determina su conducta. Pero, cuidado, no pensemos que porque seamos seres mecánicos o estemos dormidos seremos dispensados de la responsabilidad de nuestros actos y en consecuencia del error o del pecado, pues cada ser humano tiene conciencia, libre albedrío y goza de la dirección espiritual entregada por Dios en sus revelaciones universales, y es nuestra responsabilidad si le damos la espalda o seguimos sus directrices.

Nos rebelamos, sentimos algún matiz de enojo o de ira al pensar que seamos entes máquinas y personas dormidas. Nos hemos forjado la ilusión de que siempre estamos conscientes, y que actuamos deliberada e intencionalmente. No ocurre así. Cualquier cosa que hagamos, cualquier cosa que digamos, como quiera que nos comportemos, como quiera que pensemos, como quiera que sintamos, todo o casi todo lo que hagamos es confuso. (Jer. 17:9 “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿Quién lo conocerá?”) Este criterio sobre la naturaleza humana es desagradable pero con todo, cierto. Hay muchas doctrinas y teorías, antiguas y nuevas, que se refieren a la mecanicidad del Hombre, a su sopor, a su sonambulismo, a su estado dormido. Bástenos recordar Salm 57:8; 73:20; 121:3,4. Prov. 10:5; Cant. 5:2; Isa 5:27; 1 Jonás; Joel 1:5 1:6 Mr. 13:36; 1 Cor 11:30; Ef. 5:14; Tes. 5:6-9).

Dijimos que, desde un punto de vista, el Hombre es una máquina en cuanto a lo que hace; en cuanto a su conciencia, está dormido o semi-dormido. Mientras no intente despertar y labrarse a sí mismo, seguirá siendo una máquina o un sonámbulo que camina dormido por la vida. Pero no está condenado a ser siempre un ser que se desconoce a si mismo, puede salir de ese estado si sigue la enseñanza proveniente de la Jerarquía Espiritual con Cristo como Señor y Rey.

2.-Trabajar junto a otros pero cada cual para sí mismo.

Si alguno se halla en un grupo que estudia la Práctica de sí mismo y no se empeña en conocer y comprender a sus compañeros, se encuentra en el nivel únicamente para sí mismo. Entre estas personas nos referiremos a algunos tipos frecuentes de encontrar en las agrupaciones.

A veces sorprende que la gente que ha estado muchos años en el trabajo de sí o que imagina haberlo estado tan sólo por el acto de asistir a algún sitio regularmente, no hace el menor intento para interactuar con sus compañeros, excepto a través de sus prejuicios y límites personales; sólo desean conocer y relacionarse con personas a quienes aprueban, las que, generalmente, tienen los mismos límites que ellas. Esta es una simpatía mecánica, una relación en los que los defectos mutuos son atraídos, llevando con ellos a las personas que creen que eso es amistad.

Hay algunas personas que cuando se juntan, debido a la mecanicidad de su conducta, están propensas a disputar entre sí, a separarse del resto y a agruparse en camarillas antagónicas, dejándose dominar por diferencias de cualquier índole; en algunos casos toman el control, siendo el resultado en desmedro de otras personas.

Suele ocurrir, que no todo es amor a primera vista, a veces asalta una mala predisposición súbita hacia algunas personas, incluso puede haber rechazo, pero si luego de percatarnos de esta situación enfocamos su trato con buena voluntad y con la educación que hemos recibido del mundo, al cabo de algún tiempo podrán ser aceptadas, más aún, si nosotros mismos hemos despertado aunque sea en algo, la comprensión, la tolerancia y el amor, todo lo cual conduce a desarrollar la conciencia grupal.

También es frecuente que al conocer algunas personas a otras, establezcan la mutua y callada opinión de que la que está enfrente es un ser-dormido, un ente-máquina. La prudencia y la efectividad en la Práctica sugieren que todo nuevo contacto se debe iniciar con la idea de que uno mismo es un ser, cuando más, semidormido, ajustarse a la naturaleza humana superior del hombre. (Mateo 7:3; Lc. 6:41) (Digo pues por la gracia que me es dada, a cada cual que está enfrente a vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con templanza, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. Rom. 12:3.

También se da el caso que nos consideramos, tanto a nosotros como a las demás, seres plenamente conscientes, capaces de una acción independiente, no gobernadas por las asociaciones mecánicas, en suma, no creemos ser máquinas ni nosotros ni los otros. Nos creemos muy despiertos. En consecuencia, censuramos a las otras personas por no comportarse como desearíamos que lo hicieran. Y así, esperamos que los demás sean muy diferentes de lo que son, generalmente deseamos que sean como nosotros queremos que sean, que hagan y reaccionen como nosotros queremos que lo hagan (siempre favoreciéndonos) y todo ello establece en nosotros una especie de resentimiento secreto y el resultado será el desengaño, situación que no se resolverá a menos que nos demos cuenta de la propia mecanicidad por medio de la auto-observación sincera, llevada a cabo correctamente, y responsabilizándonos de lo que hacemos. Cada ser humano es responsable de sus actos pues todos tenemos algún grado de conciencia suficiente como para salirnos de la vida mecánica y ascender los planos de la evolución de la conciencia propia.

Mientras demos por supuesto que somos concientes y que hacemos, pensamos y sentimos lo que nos propusimos voluntariamente, que creamos nuestra forma de vivir concientemente, no progresaremos. El propio análisis nos enseñará que así como tenemos hábitos físicos también tenemos hábitos intelectuales y emocionales sobre los cuales se basa nuestra actitud en la vida, y que generalmente lo que llamamos conocimiento es sólo memoria y lo que llamamos cultura es sólo un leve barniz que borran fácilmente nuestras urgencias egoicas. No tendremos nada confiable a menos de poseer dominio propio y principios bien fundados, de lo contrario, sometido a los vaivenes de las circunstancias, irá de un lado a otro del péndulo, mecánicamente, y seguirá siendo un hombre o una mujer mecánica donde quiera que esté, aún cuando esté recubierta de grandes conocimientos logrados por el cultivo de la memoria, de tal forma que no se producirá transformación alguna en ella y así, es posible que, incluso, aprenda plenamente lo que implica aceptar una doctrina. Por eso, en esta enseñanza una de las principales y primeras ideas en lo que se refiere a nuestras relaciones con las demás personas, y con nosotros mismos, es la de comprender ante todo que si no nos alejamos de la vida mecánica, lo que hacemos y lo que ellas hacen, y los resultados, son inevitables por cuanto que lo que en este momento somos está determinado por las leyes de la vida mecánica, entre aquéllas, la recurrencia. A veces, algunas personas creen haber alcanzado la comprensión de este punto de vista y toman una actitud de conocedores, suele ser esto otra ilusión con la que delatan que no han entendido su propia mecanicidad, y así quedan engranadas en la gran rueda de la vida mecánica, creyendo que son conscientes. Ahora bien, el que una persona se de cuenta de su propia mecanicidad puede serle muy penoso al reconocer en si misma intenciones, sentimientos y pensamientos que no calzan los ideales morales que ha conocido y que incluso ha aceptado, (los que a veces le provocan conflictos de conciencia) pero siguiendo el consejo aquel de abandonar sus riquezas, en este caso los defectos, transformará sus relaciones con las demás personas; será amigable, confiable por sus virtudes, siempre actuando en beneficio de los demás, pacifico, manso, tolerante con el estado evolutivo de los demás. Ya no sentirá más esas fatales críticas, ese desprecio hacia los demás, que es la razón fundamental de la vida de tanta gente. Ahora bien, un hombre que se da cuenta de sus propias dificultades, faltas y carencias, ya no censurará a sus conocidos como solía hacerlo, mecánicamente, porque todo cuanto se comprende en uno mismo ayuda a hacer comprensible a otras personas; comprenderá, del mismo modo, las dificultades de los otros por arrojar de sí los aspectos negativos, por cuanto conoce las dificultades del proceso. Sólo el que siente hambre puede sentir del hambre de los demás. Cuanto más una persona se vea a sí misma realmente, más clara será su visión de los otros, pero si uno es ciego para sí mismo nunca comprenderá a los demás. (“Dejadlos: son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo”. Mateo 15:14). Si una persona se comporta mecánicamente, si es ciega, nada podrá crear, no podrá moldear a quienes están a su lado, ni a sí misma pues la mecanicidad nada crea, sólo repite incansablemente.

La búsqueda interior no es sólo el conocerse tal como se es, ni evitar lo perjudicial, sino el formarse a sí; debemos crearnos, o volvernos a crear, ¿Qué modelo elegimos, qué materiales usaremos?, ¿Vamos con los hombres o vamos con Jesús?, ¿Qué ofrecen los hombres, cuánto te piden?, ¿Qué ofrece Jesús…te pide algo para Él?

3.-Trabajar con otros en relación de sí mismo con los demás.

Unirse a los otros en relación con la enseñanza que se imparte crea una fuerza de enlace que une y mantiene juntas a las personas. Esta disciplina, que se cumple por el sentimiento y comprensión del valor de la enseñanza, estrecha a las personas con lazos firmes que se crean al obrar en común, ampliando sus expectativas. De ese grupo surge energía propia y auténtica, diferenciada de las reacciones mecánicas, y en la medida de sus distinciones, irradian las energías de sus logros aún a los planos inmediatos.

La obra en sí misma, el pulimento de la piedra bruta, el lavado de nuestras vestiduras, va en contra de la vida mecánica y con ello se ha de comprender que la influencia del esfuerzo y la comprensión de lo que significa, va en contra de las influencias y valores provenientes de la forma de vida referida como mecánica. Y es propiamente como recompensa de la perseverancia en el trabajo de evolución de la conciencia que las personas se transforman, y muchas veces sanan de sus dolencias interiores y exteriores. Es necesario entender que la Práctica de sí mismo también es una fuerza curativa y que de esta u otras muchas maneras diferentes, se contrapone a la vida mecánica y sus influencias. Y no sólo la cura de las enfermedades físicas sino también algunas de la mente, pero sobre todo las espirituales. (Rom 5:12).

Basta mirar lo que ocurre hoy en día en el mundo y a nuestro alrededor, en este denominado tiempo de paz, para constatar cómo la pandemia de mecanicidad egoica divide a la gente y fomenta nuevas disputas, nuevos antagonismos por doquier, lo cual se traducen en hambre miseria y muerte para la mayor parte de la humanidad; es el resultado del fomento de las pasiones desordenadas las que conllevan pérdida de conciencia lo cual, por oposición, nos presenta al trabajo interior como una fuerza amorosa y unificadora.

Como es sabido, la Práctica de sí mismo divide a la humanidad en tantas categorías como etapas de desarrollo tiene la conciencia de cada uno de sus miembros, pero en general sólo hay dos: la evolutiva y la involutiva, dentro de éstas se dan los diferentes grados de desarrollo creciente o decreciente.

En general podemos decir que el hombre determina su grado de evolución según en qué tenga activo su centro conciente. Puede tener activo su centro conciente en su cuerpo, en sus emociones o en su intelecto etc. y en cada uno de estos, puede estar conciente en sus facultades más plenas. Recordemos, no está demás, que la evolución de la conciencia y de los cuerpos superiores no está sujeta a un destino inexorable, sino que a la Práctica de Sí Mismo con todo lo que esta conlleva en cualquier doctrina que se proponga exaltar al hombre interior. Por lo contrario, la involución es mecanicidad, sopor, sueño porque hay pérdida de conciencia, de libre albedrío, de capacidad de elegir entre virtud o pecado.

Cuando una persona busca relacionarse con otra, tiene que descubrirla viéndola distintamente, no con ideas fijas, encasilladoras, no bajo la norma inconcientemente establecida que los demás deben ser como uno mismo quiere que sean, lo cual, en estos casos, termina por defraudar, como dijimos. En la Práctica estas ideas son siempre equivocadas y así se descubre después de pasar un tiempo bajo reflexión. Se fundan probablemente en lo que nos han enseñado o en lo que hemos leído, en lo que hemos conversado. No se puede juzgar a una persona basándose solamente en la opinión que otros tienen de ella, ni tampoco basándose meramente en lo que es en la vida ni en su reputación. Hay en el interior de toda persona una chispa divina que nos hace iguales a ella, a pesar de las diferencias; es preciso verla de modo distinto del que suele vérsela; con amor. Por amor Dios envió a su Hijo quien, por amor dio la vida por nosotros, por ese amor que nos tienen hemos recibido el mandato de amarnos los unos a los otros para que todos logremos las glorias que nos tiene ofrecidas desde la eternidad, no hay exención de personas a este llamado.

¿Cómo podemos contribuir al Plan de Salvación si hay odio, intolerancia, persecución y otros actos abominables a Dios?

Quien nunca se ha examinado en profundidad, le será imposible lograr conocerse a sí mismo ni a los demás; aceptará a la gente porque si o sólo deseara conocer a quienes les son semejantes en inclinaciones y conducta. Y así continuará odiando, engañando y maltratando, tal vez, queriendo a las personas. Por tal camino ese ser nunca progresará, nunca cambiará, seguirá siendo la misma persona, es decir, no habrá transformación alguna. Pero la Práctica de si, trata de la transformación de uno mismo, por consiguiente debemos estar atentos a nuestro comportamiento, y así no ignoraremos cuántas veces producimos una mala impresión en otras personas por lo que somos, por ejemplo, envidiosos; tal vez no nos damos cuenta que manifestamos habitualmente que somos negativos y altanero el tono de nuestra voz y así suma y suma, y con todo, nos sorprende que haya personas que no nos presten atención y se alejen de nosotros. Debemos actuar hacia otras personas de tal manera que les seamos confiables. Esto exige una actitud consciente de nosotros mismos, actitud que al presente somos casi incapaces de tener. Por lo general somos extremadamente negligentes, por egoísmo, los unos con los otros, insensibles ante el sufrimiento ajeno, aunque sabemos que sufren, habitualmente no escuchamos al otro y casi siempre olvidamos lo que se nos dijo. Si hasta en los cursos de ventas se enseña el comportamiento tanto del vendedor como del comprador por cuanto se sabe que es extremadamente fácil provocar una mala impresión en otra persona sin darnos cuenta o mostrar debilidad en cualquier sentido, ¿cuánto más debe la persona interesada en su alma estudiar cómo cambiar para ser mejores, para entregar lo mejor de sí al prójimo? Sin embargo, no nos conocemos suficientemente por medio de la auto-observación como para corregirnos y por tanto, de encontrar puntos comunes de nuestra estructura mental y emocional con los de las otras personas. La educación que recibimos suele tener escasa fuerza para oponerse a los vicios y defectos. No sabemos aproximarnos a otra persona y en muchas ocasiones creemos que un enfrentamiento donde “diremos la verdad francamente” es un medio conveniente. Pero este ataque de fuerza, generalmente lleva la intención oculta o no de imponer o demostrar nuestra personalidad, nuestras ideas, para decir lo que escuchamos frecuentemente “yo tengo razón”, “yo se lo dije”. Claro está que lo único que logramos con esto es comportarnos equivocadamente. La gente llama a eso decir la verdad y algunos agregan, “en su cara”. En nuestras relaciones con los otros debemos evitar ante todo esa sinceridad errada que impulsa a una persona a decir un desatino en nombre de la verdad, nuestra verdad o lo que creemos que es verdad. Esta forma de agresividad, esta falsa franqueza que puede dañar a la persona pudiendo hacer que se retire del camino y se pierda, atrae el terrible karma a la persona que quiso ser “franca” de ser castigada por perder un alma. En vez de criticar hay que dar amor.

Las relaciones de unos con otros exigen cultivo. Debemos evitar las negatividades, todo lo que resiente a las personas. El verdadero espíritu de servicio se ajusta al otro, y llega ser, conjuntamente con otros servidores, miembro del cuerpo de Cristo y miembros los unos de los otros. (Rom. 12:4,5). Cuan­to más recibimos al Espíritu Santo, tan­to más estrecha será nuestra comunión con cada persona. Quien tenga una medida limitada de la gra­cia, tal vez sea duro e intratable, pe­ro el que está con Dios fácilmente ve el bien en otros, y trabajará en armonía incluso con personas de distinto temperamento y aficiones. El secreto del verdadero servicio y cooperación con el prójimo es ver a Dios en el otro, y acercarse no a lo humano, sino a esa chispa divina que hay en todo ser humano. Nos hará amables, veraces, prudentes en todas las relaciones de la vida. No seremos desconsiderados con los demás, sino “Amaos los unos a los otros con amor fraternal…” (Rom. 12:10).“ El amor sea sin fingimiento”.(Rom. 12:9).

Tal como somos habitualmente, no podemos hablar de una conducta plenamente consciente de los unos hacia los otros pues aun no lo somos, sino que en muchos casos, la conciencia se manifiesta intermitentemente, pero tratemos de poner en Práctica lo que significa una conducta consciente para vivir cada día más plenos de sí mismos, se puede lograr si se comprende lo que la Práctica del Evangelio nos enseña a evitar, “Enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo templada, y justa, y píamente” (Tito 2:12).

Quienes han perseverado en la enseñanza han sentido y sienten que algo nuevo siempre le sucede, algo lo que eleva a un nivel superior.

Cuando el tercer punto de la materia que tratamos esté presente, los dos primeros desaparecerán al cabo de un tiempo. Es la consecuencia natural, de una dedicación bien lograda pues, ha abierto más conciencia; su comprensión de la realidad hace a ésta más integral y al hombre más universal, dispuesto a la Iglesia de Cristo, repitiendo con el apóstol: “No ya yo, mas vive Cristo en mí”. (Gálatas 2:20).

Nota: Un relato de Anatole France, “Thais, la cortesana de Alejandría” nos muestra a esta, una hermosa mujer, frente al inexperto monje Pafnucio. El tema también fue tomado por Somerset Maughan “Rain” (lluvia) en el que se basó el filme “La frágil voluntad” (1928 ) de Raoul Walsh y William Cameron Menzies. En 1932 se filmó “Rain” de Lewis Milestone y en 1953 “La bella del pacífico” de Curtis Bernhart.

Ramatis Zand.

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