La espera

Acaecido el tiempo de la espera final, los hijos de Dios elevan sus pensamientos y su alma para el reencuentro con su Dios, aquel Dios que prometiera vida eterna si el hombre cumplía con sus mandatos en el tiempo del fin. Este hombre, que firme en sus pensamientos y convicciones, sigue a Dios sin importar el esfuerzo, trae hacia sí grandes bendiciones de las cuales se llenará de gozo al recibirlas. Hemos hablado tantas veces de esta terrible caída del mundo, donde el hombre denigrado en su máxima expresión, ya no recapacita sino que busca con más afán la perversión del mundo y ofrece con ese actuar maligno un despiadado ejemplo para todos los que están debilitados en el espíritu y en el amor que deben tener hacia Dios.

Esta acción depravada de este hombre caído, hace avergonzar a los que ayudamos a la causa de salvación, pues es tremendamente doloroso ver que el hombre ha superado ampliamente las expectativas de Satanás en su inmundicia y en su vejamen en este paso por la vida. Sin embargo, todos aquellos que buscan, que llaman a la puerta, que clamen con desesperación por encontrar ese alivio del espíritu, esa libertad del alma que sólo se encuentra en las cosas divinas donde Dios ha programado la verdadera felicidad para aquellos que fieles siguen su camino, encontrarán respuesta. Por eso hermanos amados, deleitaos con las cosas de Dios, mirad cuanto os ama, cuantas veces os ha llamado para que endereceis vuestros caminos, responded a este amor que sin duda reconoceréis si tenéis ese corazón dispuesto a escuchar este llamado para entrar a lo mas hermoso y magnífico de los regalos que es estar en la presencia de Nuestro Amado.

Reivindiquémonos, oremos con fuerza, no tengamos duda, nuestro Padre escucha nuestras peticiones y escucha nuestros lamentos. Dejemos que Él decida nuestras vidas y nuestros destinos para que no erremos el camino que Él tiene señalado para sus seguidores. Armaos de un yelmo fuerte que representa la fe, tomad la espada que representa la justicia de Dios y luchad con fuerza para que vuestro espíritu guerrero esté en el amor y la justicia de Dios, haciendo de vosotros gemas luminosas de las cuales nuestro Amado Señor estará orgulloso.

Completemos todas nuestras acciones en beneficio del prójimo, no temamos y dejemos actuar a nuestro Dios y a nuestros guías. No os aferréis a vuestros problemas sino más bien liberadlos, que no os obstruyan el camino de esa gran salida donde sólo felicidad podréis alcanzar.

Paz reverencial.

3 junio 2007

A. y A.

2 respuestas a La espera

  1. Catalina dice:

    Simplemente… gracias!

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