Elegidos para relucir

Con valor debemos marchar al encuentro de esta lucha en que debemos combatir el mal con fuerza y con tesón. Hagamos el esfuerzo supremo para alcanzar la meta que tanto nos hemos esforzado por alcanzar y hagamos de nuestra vida algo que valga la pena para poder estar en comunión con los sentimientos más profundos de nuestra alma en relación con nuestro Padre Celestial.

Esforcémonos, hagamos que valga la pena todo esto que hemos logrado durante tantos años y no lo perdamos en efímeras situaciones de placer o de entretenimiento que muchas veces nos hace divagar en cosas que no merecen la pena y también que nos quitan de nuestra mente y de nuestra alma el objetivo que hemos trazado para nuestras vidas. Atraigamos solamente el bien a nosotros, tengamos misericordia del caído, hagamos buenas acciones, glorifiquemos el nombre de Dios en cada acción que hagamos y seamos amorosos hermanos que, bendiciendo el nombre Dios, demos la mano a nuestro amigo, a nuestro hermano, a nuestros padres, a todos aquellos seres que necesitan de nuestra ayuda.

Mirad a vuestro alrededor y veréis la inmundicia, la asquerosidad con que muchos seres que otrora fueran seres de luz están emponzoñados revolcándose cual alimañas en el barro oscuro de la maldad. Vosotros habéis sido elegidos para relucir, no para ensuciar. Disfrutad del amor de los hermanos, de la amistad pura que Jesús os ofrece, orad con fervor y veréis que serán consolados vuestros corazones, pues el día ya está aquí, pronto, en espera, para que toda pena, toda enfermedad, toda maledicencia sea borrada de vuestras vidas y sólo perfección habrá en este mundo a la gran venida de nuestro hermano mayor que con tanto amor dio su vida para que nosotros podamos disfrutar de todas las dadivas que Él nos ofrece como recompensa al esfuerzo y al amor que ponemos en vuestros actos y oraciones.

Mirad como cada día somos más bendecidos y no nos deja a la deriva. Tened fe, confianza absoluta en que todo lo que hagáis en justicia y en amor se os concederá, pues Dios, que está en el cielos, no niega su palabra cuando se la ha dado a sus hijos ofreciéndoles la sabiduría y el conocimiento que Él entrega para que nosotros salgamos victoriosos en la batalla cruel de este perverso mundo, que pervertido por Satanás, sufre su maledicencia. Caminemos con la frente erguida, el corazón dispuesto, y dejamos en este camino todas esas cargas, tristezas e insatisfacciones y llenemos nuestros corazones con el gozo supremo de que estamos haciendo el bien y que nuestra meta será ampliamente cumplida en un día que ya esta a la puerta, si continuamos ejerciendo fe en el Señor Jesucristo.

Esperamos que no os perturbéis, que pongáis toda vuestra fuerza y todo vuestro amor para encontraros con vuestro amado y así poder llegar a la exaltación donde recibiréis aquel premio que os espera.

Paz reverencial

A. y A.

12 marzo 2006

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