Palabras olvidadas

Cuando el hombre da la espalda a Dios y se llena de soberbia, su camino se vuelve más tosco y más doloroso. Se han olvidado los hombres de la palabra bondad, de la palabra misericordia y de la palabra amor. Vagan vacíos, ponzoñosos, por el camino de la vida, llevando a cuestas sus miserias más profundas de las cuales deberá arrepentirse cuando venga el Señor en su magnificencia y justicia.

Los pocos seres que aman a Dios por sobre todas las cosas, encontrarán progreso y sabiduría y tendrán el gran privilegio de poder disfrutar de esa gloria soñada, acariciada por tanto tiempo.

Mirad cuan pobres están los hombres. Algunos ricos, en su miseria espiritual, se enseñorean con sus vicios, haciendo mofa del amor de Cristo y de las virtudes que Dios dejara en este mundo para que el hombre se convirtiera en Dios.

Más, mirad, ved que hacen los hombres. Sólo hacen la maldad y se dejan llevar por esos sentimientos impuros, denigrantes, donde ya el pudor no existe. Muchos justos se sienten impotentes ante la desfachatez de personas inmundas en cuyas bocas tienen la osadía de pronunciar el nombre sagrado de Dios. Estas personas serán borradas de la faz de la tierra. Por eso, en este día en que lo alabáis con todo vuestro corazón, debéis estar firmes con la esperanza y el propósito puesto en una sola dirección; en aquella luz la cual nos dará la salvación y la que llegará a nuestros corazones, iluminando nuestra conciencia, llenándonos de sabiduría y de la certeza de no equivocarnos.

Glorifiquemos día a día el nombre sagrado de Jehová para que con su misericordia pueda cubrirnos con sus alas y librarnos, a todos los que le aman, de la ruindad y maleficios de Satanás. Hagamos florecer primaveras en nuestros corazones, busquemos la calma, la felicidad, la armonía y la templanza en las cuales encontraremos la felicidad perdida. Confiemos plenamente en la benevolencia de Dios, pues su amor es inagotable cuando sus hijos son obedientes y amorosos.

Muchos se revelan ante la petición de Dios cuando se les pide hermandad y amor, pero que equivocados están, pues niegan la oportunidad de ser protegidos y amados por su Padre que está en los cielos. Hagamos resplandecer nuestros corazones con el amor de Jesucristo, pues en su tierno corazón no hay rencor y sólo justicia cabe para el final de los tiempos.

Recordemos siempre que el amor es el arma poderosa que derriba a la maldad y elimina todo mal a nuestro alrededor. Obremos en justicia, eliminemos nuestros defectos para que, limpiando nuestra casa, tengamos un espacio limpio y resplandeciente para recibir al viajero amoroso que nos dará la salvación.

Paz reverencial.

A. y A.

10-9-06

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