Contra el tedio y el cansancio

En estos tiempos, en que la llegada es eminente a la faz de la tierra, el demonio de Satanás aplasta con soberbia a todos aquellos que llevan el orgullo y la ira en sus corazones, pues, estos seres que están tan comunicados a las fuerzas negativas del mal, son embriagados con la fuerza maligna que invade cada espacio de esta tierra. Si vosotros queridos hermanos os fijáis en vuestro quehacer y en vuestro sentir, veréis con asombro que el cansancio, el aburrimiento y el tedio se han apoderado de muchas personas que están junto a Uds., de vosotros mismos, y también de la humanidad. Al decir esto sabemos que vosotros comprendéis a que nos referimos. El mundo esta siendo prisionero del mal, en donde se cobijan las bajas pasiones, la maledicencia, la habladuría, el engaño, todas aquellas cosas que son retorcidas y repugnantes a los ojos de nuestro Salvador.

Recordemos que la misericordia de Dios sólo será para aquellos que estén dispuestos a seguir los pasos de quien está abriendo la puerta para esa salida tan inmediata que se nos ha ofrecido tan largamente. Dios espera que nuestra conciencia se abra para que con claridad sepamos de ese Plan de Salvación del cual se nos ha hablado incansablemente.

Es menester que nuestros corazones estén en contacto permanente con nuestro Padre que nos ama para que, así asidos firmemente a Él, no tengamos tropiezos ni retrasos en esta última etapa del último tiempo. Comprendemos hermanos, que vosotros estáis muy ocupados en los quehaceres propios de las cosas terrenales, pero hay un espacio entre vuestra materia y vuestro espíritu que sí puede contactarse permanentemente con vuestros maestros y guías espirituales. Comencemos a practicar esta devota actitud para que estemos seguros y no tropecemos más. Oremos, levantémonos de la incertidumbre, salgamos, miremos todo lo que nos rodea; ved cómo ha perecido aquello que, creado con amor, desfallece ante tan abominable presencia que nos daña y no nos deja ser lo que el Padre quiere.

Atisbemos por aquel pequeño hueco de nuestra alma la luz divina del Salvador que nos llama y nos pide la perseverancia, el tesón y el ánimo para estar siempre listos y preparados, encendiendo nuestras lámparas y haciendo devoción hasta de nuestros sueños. Emerged de las tinieblas, refrescaos en la luz del espíritu, regocijad vuestra alma, bañaos en la armonía sublime del amor, pues Cristo nos llama y debemos responder. Tened calma y paz en vuestros corazones, pues, todo desencadenará muy rápidamente y muchos de vosotros seréis testigos de todo cuanto se os ha dicho.

PAZ REVERENCIAL.

A.y A.

02 diciembre 2000.

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