Vestidos blancos

A través de las palabras de nuestro Señor Jesucristo encontramos aquellas dádivas de amor para los hombres de buena voluntad que sí desean seguir los pasos de este magnifico ser, Dios, que viene ahora a buscar a su pueblo y que, con gran amor, nos pide que perseveremos, que no dejemos que la desconfianza, la incertidumbre o el desaliento ofusquen nuestros propósitos, los cuales deben ser aquellos que se nos propusieran cuando conocimos el camino que nos lleva a este final de felicidad incomparable.   Debemos hacer un supremo esfuerzo para desligar de nuestras vidas, todos aquellos sentimientos adversos que pudiéramos aún guardar en nuestros corazones, los cuales no deben dañarnos más, pues al tenerlos, hacemos que nuestros maestros no puedan prestarnos la ayuda que nosotros requerimos. Es menester, pues, que de una vez por todas, cambiemos nuestra posición frente a éstas actitudes negativas que el mundo está teniendo cada día más. Con tristeza, vemos que el hombre ha destrozado el Plan de Salvación que Dios creó para todos, pero vosotros, trigo limpio y hermoso, regocijaos, pues, Dios está con vosotros. Hagamos que nuestras obras sean de su agrado, para poder alcanzar todas aquellas metas que Dios nos ha puesto para el progreso, la recuperación de la libertad espiritual y todo aquello cuanto atañe al amor y a la misericordia de nuestro Padre.

En estos tiempos, queridos hermanos, queridas hermanas, cuando el dolor, la muerte y la pestilencia abrazarán al mundo, haciéndolo agonizar, llegará el rayo de luz que sacará adelante a aquellos que lleven la luz en su corazón. Sabremos en nuestro espíritu, cuando el ángel llegue y nos toque resguardándonos de todas las asechanzas. Como anteriormente os dijimos debéis orar para resguardar vuestras almas y vuestros cuerpos de esta horrorosa destrucción. No queremos que con estas palabras se llene vuestro corazón de congoja sino, más bien, que transforméis este sentimiento y lo cambiéis en regocijo, pues habéis sido llamados para entrar en la senda del amor y de la misericordia; sabemos que es difícil, mas debemos poner nuestra mente en todas las cosas de Dios, poner la confianza, pues nuestro ángel guardián, nuestro arcángel Miguel, están haciendo todo aquello para preservarnos de la maldad infinita del maligno.

Destruyamos todo lo que sea negativo, pongamos luz y esperanza en nuestras vidas, pues luego de esta gran oscuridad, la luz del Señor resplandecerá y esa alegría será promulgada por siempre en nuestros corazones.

El amor de Dios está con nosotros, nuestras oraciones son escuchadas, y sabemos que todas aquellas buenas acciones que nos cuestan tanto realizar, son tomadas en cuenta para el final de estos tiempos. Vestíos hermanos, de blancas vestiduras, resplandeced, alzad la voz en oración al cielo y esperad confiados y alegres con el gozo de Dios en vuestros corazones el momento en que seréis llamados a servir en este Plan de amor a vuestros hermanos.

Paz reverencial.

A. y A.

3 noviembre 2000

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