El justo no ha de temer

Asolada la tierra por el impacto maligno llora la angustia de ver a los seres que transitan cabizbajos, llenos de congoja, pesándoles sus pecados y los pecados ajenos por los cuales serán juzgados en un corto plazo.

¡Hay de estos seres que inmóviles miran con mucha indiferencia la destrucción del planeta y la destrucción de las almas que lo habitan! Satanás ha puesto trampas y engañosas seducciones para que los que siguen a Dios se pierdan y caigan en sus fauces devoradoras. Por eso, es tiempo de abrir los ojos. Despertad, abrid el alma, abrid vuestra inteligencia. Mirad a vuestro alrededor, todos los hombres sufren descontento, todos sufren de miseria espiritual, mas, aquellos que se nutren con el agua viva de la sabiduría gócense en las enseñanzas de Dios que les propone vida eterna al cumplir con sus mandamientos que les sirven al hombre para lograr el equilibrio, la dicha y la vida eterna. Mirad pues, cuan fácil es seguir a Dios, aquel que con largueza nos diera toda posibilidad para superar el estado actual de nuestra alma para alcanzar aquella luz brillante que nos invita al gozo divino de la dicha junto a ese Padre amoroso, dándonos esta gran oportunidad de estar a su servicio y de ser felices en su cumplimiento. Recordad cuantas veces se nos ha pedido este gran esfuerzo de dejar atrás esas raídas vestiduras y ponernos nuestras mejores galas para presentarnos en su presencia maravillosa.

Con entusiasmo clamemos a Dios, démosle las gracias, hagamos de nuestra vida un pequeño Edén en nuestros espacios y que el invitado principal sea su Hijo Jesús que, con tanta generosidad, nos diera su vida  demostrando así ese amor que debemos hacer florecer en nuestros corazones, dándonos la oportunidad de acrecentar nuestra fe, nuestra esperanza, nuestro buen venir de todas aquellas cosas que se nos prometiera. Por esto, ofrezcámosle cada paso que nos acerque  hacia el gran regalo que nuestro Padre nos tiene preparado. Cumplamos con lo que prometemos, seamos diligentes, amorosos, generosos, compadezcámonos del caído, lloremos con el afligido, pidamos a Dios por todas aquellas personas que lo buscan sin saber como agradarlo, para que podamos ser aquella lámpara encendida para que ellos no se pierdan. Alabemos el nombre de Dios a cada instante, no lo olvidéis pues Él santificará nuestra alma y nos preservará de todo mal, si nuestro espíritu está en regocijo con Dios de nada careceremos. Tened fe y esperanza pues todo cuanto se nos ha dicho se ha de cumplir. Hagamos mérito haciendo la voluntad del Padre. La oración sincera y agradecida debe estar permanentemente en nuestros labios; recordemos que el fin es inminente y que sólo Dios nos librará de todo mal.

En la paz reverencial.

4 enero 2009

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s