Las mejores semillas

En el tiempo, cuando el hombre vivía esperando con ansias alguna ayuda divina, sentía en su corazón que estaba perdido y abandonado a su suerte en este mundo lleno de confusiones y de tristezas, pero cuando apareció aquel sublime ser, enviado por su Padre a este mundo para salvar a todas las criaturas que siguiesen sus pasos y su enseñanza, y con verdadero sentimiento quisiesen alcanzar aquella esperanza y aquella luz divina en la cual podrían algún día regocijarse al regresar a la fuente de vida de donde había salido en algún momento en la creación, aquellas criaturas le dieron la espalda.

Las dificultades, los desaciertos del hombre, la ambición y todas aquellas indignas actitudes que el hombre ha desarrollado, ha hecho que se pierdan en la vorágine oscura de la degradación y en lo más profundo de la desesperanza. Ahora que recordamos el sacrificio de un Padre que entrega a su Hijo como dádiva para estos seres, vemos que, en muchas ocasiones, este dolor que sintiese este Padre maravilloso no ha sido gratificado como debería haberlo hecho el hombre al darse cuenta del dolor de aquel Hijo, el más grande, el más perfecto, aquél lleno de amor que diera toda su sangre y diera su cuerpo por esta humanidad, que, precipitada a los vicios, se despeña vertiginosamente en el caos de la vida. Mirad, mirad el madero cubierto de sangre, en el está ese manso cordero que fue muerto por los mismos seres que pudieron recibir su redención a través de esa muerte dolorosa que deja limpios cuando el hombre recibe realmente con dignidad y con amor el sacrificio de este ser maravilloso que ahora regresará pronto, no como antes, sino más bien como un guerrero, como un rey que recogerá de la tierra las mejores semillas para poder empezar nuevamente un nuevo huerto en el cual la dicha, el amor y la armonía estarán en cada momento de los espacios del tiempo.

Cuando los seres se congregan llevando un alma limpia y sincera para entregarla como ofrenda a Dios, arrepentidos de pecados y faltas, comprometiéndonos a un cambio radical para poder tener esa dignidad y ese privilegio de mirar cara a cara a quien nos diera la oportunidad de este cambio maravilloso, el cual dignifica nuestras vidas, Dios nos llena de júbilo y nos ennoblece con su gran amor y su perdón por nuestras faltas cometidas. Elevemos pues nuestro espíritu pleno de gozo, disfrutemos con la compañía de nuestros hermanos. Imantémonos con ese amor misericordioso que Él nos entrega y recordemos su muerte como la gran puerta que se abrirá para nuestra salvación en un momento muy cercano.

En la paz reverencial.

A. y A.

5 abril 2009

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