Amor fraternal universal

Cuando el hombre, como ser mortal, está en una posición de superación no debe dejar entrar en sí la impureza de la vanidad, el orgullo y la falsa personalidad. Debemos estar conscientes, cada uno de nosotros, de que somos seres perecibles a cualquier eventualidad o argumentación del ente saturado de maldad que nos rodea de influencias negativas. Las influencias de lo externo en nuestro interior, a veces nos llevan a sentirnos superiores en las acciones en momentos en que exaltados por la adulación, nos dejamos seducir por el sentimiento de superioridad hacia quienes nos rodean. Los que están en este camino, deben ser personas de pensamientos elevados y actuar humildes, pues con humildad se llega delante del Creador. El defecto de la soberbia, endureciendo nuestro carácter, haciéndonos impermeables a las bondades ofrecidas por nuestros semejantes, y creando un sentimiento de suficiencia, como decir; “Tener más que merecidas las dádivas del amor de las otras personas”, y también, sintiéndonos siempre dignos merecedores (aunque indignos), de las dádivas divinas, no sólo nos alejan de éstas sino que también de nuestro objetivo de salvar el alma. El orgullo, la vanidad, el rencor, la insensibilidad, y la intransigencia, son defectos que hacen involucionar a maestros y sabios, pues la adulación y el deslumbramiento ajeno por los conocimientos del ser que los posee hacen que este erudito, lleno de vanidad, carezca del mérito frente al Padre.

Con estas palabras queremos dirigirnos a Uds. para que reflexionemos, para que hagamos un llamado a nuestra conciencia y purifiquemos nuestras acciones, purifiquemos también los sentimientos, los pedidos y los requerimientos que rogamos al Padre, para que pongamos dentro de los seres y sus corazones la generosidad, compresión, humildad y sensibilidad ante las dificultades ajenas y propias de las cuales estamos siendo siempre agredidos por nuestros egos, enemigos acérrimos que no nos dejan en paz ni en armonía con nuestro espíritu celestial. Abramos esa conciencia real para que podamos fluir como seres trascendentes. Hagamos que la conciencia hable a nuestros corazones para que la sabiduría perfecta se manifieste a través de nuestra palabra y nuestro proceder. La sabiduría debe acompañarse de comprensión, de bondad, del sentido de compañerismo y de buena voluntad. Comprensión hacia la humanidad es el lema del Amor Fraternal Universal de la nueva era de este siglo, atentamente derramada hacia nosotros por nuestro Señor Jesucristo por medios de sus emisarios, ángeles y maestros con amor de siempre.

Paz reverencial.

Por A.y A.

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