El principio del fin

En este principio del fin, nos dirigimos a vosotros con el afán de abrir vuestra conciencia y vuestros deseos de seguir a Dios con todo vuestro corazón, sentimiento e intención. Cuando tomamos una decisión debemos hacerlo con firmeza, con convicción y entusiasmo. Dios está mirando a aquellos que buscan con afán llegar a ese lugar donde serán presentados al gran convite de las bodas del Cordero.

Comenzemos a caminar con un corazón dispuesto a entregar todas aquellas cosas que se os han pedido tantas veces. Recordad hermanos, que el tiempo ya está, no hay nada más que hacer: sólo esperar vuestra decisión. Cuando el hombre encuentre su justa medida podrá llegar a entender las cosas que Dios tiene preparadas para hacer un cambio radical en todas aquellas personas que sinceramente quieren transformar su vida en algo hermoso y duradero. Cuando hablamos de algo duradero es nada menos que la vida eterna a la cual nos estamos refiriendo. Completad vuestras enseñanzas para que podáis estar en esa dignidad que se necesita para poder entender y resolver todos los conflictos que este mundo material presenta.

Recordad, debemos dejar atrás todas las impurezas, todas nuestras falsedades, todos nuestros engaños que Satanás nos hace día a día. Cumplid con mucha diligencia vuestros trabajos y vuestras promesas, pues, siempre hay alguien que mira lo que hacéis. Comprended que ya el tiempo está dado, que nada más queda por hacer sino esperar el tiempo en que ya se descorra el velo y que la luz llegue a purificar a todas las almas que están en el camino de la verdad y la vida eterna. Reprimid vuestros impulsos negativos. Ahogadlos, exterminadlos para que no puedan hacer que tropecéis. Caminad con pie firme; no escuchéis al lisonjero ni al hereje sino, más bien, al justo, al que ama a Dios, al que tiene esperanza de una vida mejor. Aquel que te invita a amar a Dios éste es tu amigo, mas, de aquel que te invita de juerga, que está lleno de lascivia debes arrancar de él, pues estando con él sólo perderás el camino andado. Recordad que os amamos, recordad cuánto se os ha dicho, encontrad el bien en cada cosa de la vida, pues el momento está, ya nada queda, todo esta dicho, sólo esperamos que vuestra decisión sea firme, que no hagáis trasgresiones de último minuto. Sed justos, prudentes, amorosos. Amad a vuestro prójimo, escudriñad las escrituras, mirad al cielo, esperad con paciencia, con tesón, el día en que los cielos se abrirán para dejar paso al Creador que viene en gloria y majestad a buscar a su pueblo.

Recordad cuantas veces se os ha llamado, no hagáis esperar a vuestro Dios, no os retraséis, seguid adelante, alzad la frente. Mirad la creación de Dios, cuidad todo a vuestro alrededor, sed ejemplos de luz para los que abominan de Dios, corregid vuestros pasos equivocados y haced sendas de justicia. Convertíos en vergeles llenos de esperanza para el final de estos tiempos que están ya esperando por entrar en acción.

Amad con todo vuestro corazón a vuestro Dios, rendirle honores diariamente, orad sin cesar, lavad vuestra alma con pensamientos puros, recordad la promesa que habéis hecho y no lo defraudéis.

En la paz reverencial.

A. y A.

3 enero 2010

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