El barco fantasma

Golpeado por fieras olas sometidas al látigo furioso de los vientos airados y rugientes, que las alzan y las deshacen fustigadas en la tempestad bramante, con sus mástiles quebrados y el velamen destrozado, como jirones en su esqueleto de madera, el viejo barco fantasma navega a la deriva, bamboleante entre la lluvia, con su negra y doliente carga a bordo.

Un rayo quiebra la noche relumbrado los mástiles rotos, los jirones, los ojos enrojecidos de los remeros eternos, el timón que sólo el viento gobierna enloquecido, las sombras siniestras, los amos tenebrosos del barco.

Al clamor de crujidos lastimeros, como un espectro remontando las aguas demenciales, va el madero en fatal destino, en su larga noche eterna, llevando por carga siniestra almas a las sombras engrilladas.

Como en este barco que al naufragio eterno va seguro, van las almas de los hombres de paso por la vida en breve tempestad. ¡Oh si pensasen que después de los rigores hay el consuelo de un nuevo amanecer! ¡Oh si creyesen en el arrepentimiento salvador!; alzarían al tope las velas de su barco, navegando con suave viento a su favor, y en blando y suave viaje, verían allá de un horizonte de belleza, de paz y de amor, un lugar donde se rompen las cadenas y nadie hay quien los someta al trágico destino del barco aterrador.

¡Transforma hombre tu barco en hermoso y blanco velero y navegarás al sol donde ÉL te espera!

A. y A.

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