La plenitud de la nada

Te busco y no te encuentro, en vano mis miradas,
te llamo y no respondes, de mí estás lejano
mis manos implorantes se agarran hoy crispadas
a tanta dura nada vacía en mudo arcano.

Muéstrame tal vez, el áspero camino
que a ninguna parte al caminante lleva
libérame Señor de tan penoso sino
de siniestras tinieblas y dolientes pruebas.

Soy peregrino ciego de espacios ignorados
mi paso vacilante va por ninguna parte
y avanza en un instante por fuerza de mi hado
do nada tal parece y nada es de su arte.

Torrentes son callados mis lágrimas de fuego
quemando van las carnes, mis mejillas dolientes,
ardida de dolor, sin esperanzas luego
mi alma ya agoniza en llantos muy silentes.

De pena mi corazón, ¡ya deja de latir!
así jamás penar y sólo hallar virtud
por siempre descansar y nunca mal sentir
en la gloriosa nada de tanta plenitud.

A y A.

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